Miquel Roca Junyent - 24/11/2009
Si PSOE y PP han de ponerse de acuerdo, que lo hagan. Si no, que no apelen a la lealtad constitucional que no respetan
Todos hablan de lealtad constitucional, pero pocos la practican. Una de las más elementales obligaciones de las instituciones es la de asumir la responsabilidad que la propia Constitución les otorga. Si el Congreso de los Diputados o el Senado tienen atribuida la función de proponer al Rey la designación de los magistrados del Tribunal Constitucional, deben hacerlo. No pueden excusarse en las dificultades que tienen los partidos mayoritarios para ponerse de acuerdo en las personas idóneas para ocupar aquellos cargos. Esta excusa, pura y simplemente, no vale.
Si el PSOE y el PP tienen que ponerse de acuerdo, que lo hagan. En caso contrario, que no apelen por nunca jamás a la lealtad constitucional que ellos no respetan. La exigencia de una mayoría cualificada para designar a los candidatos responde a la voluntad de los constituyentes de que las fuerzas parlamentarias tuvieran que alcanzar un acuerdo por consenso. Yno lo han hecho; en este caso, el consenso es, precisamente, la excusa de su incumplimiento constitucional. Si lo hicieran siempre así, en todas las obligaciones que la Constitución les atribuye, estaríamos en precario: sin gobierno y sin leyes.
Cuatro magistrados del TC hace dos años que deben ser renovados. Incluso un magistrado ha fallecido y hoy el tribunal no está compuesto por los doce vocales que marca la Constitución, sino por once. Al no cumplir con su obligación constitucional, PP y PSOE imponen un funcionamiento anómalo de una institución tan relevante como el Tribunal Constitucional. Si los constituyentes dijeron doce, era por algo; ahora, por voluntad de PP y PSOE, sólo son once, rompiendo el equilibrio institucional que se quería establecer.
Hay quien incumple programas electorales. Pero la Constitución es mucho más; es el contrato que obliga a todos los responsables políticos a su estricto cumplimiento. Y quien debe elegir, debe hacerlo; y quien debe proponer, debe hacerlo. Sin excusas, ni complicidades. La inhibición es una forma de deslealtad. Y así se colabora a deslegitimar instituciones que deberían funcionar e integrarse como y cuando la Constitución señala.
Si unos filtran y otros pasan, ¿dónde está la lealtad?
martes, 24 de noviembre de 2009
TC ¿UN TRIBUNAL CONTAMINADO?
Bolívar en el TC
En la España recosida a golpes de Constitución, había más separadores que separatistas
Pilar Rahola La Vang 24-11-09
Recuerdo que era una metáfora muy usada en la época del pujolismo. Ciertamente, Jordi Pujol era un presidente de notables ambivalencias. Cuando pacía alegremente por las montañas de Queralbs, era capaz de gritar el "desperta ferro" y declarar la independencia de Catalunya. Pero cuando se chutaba una dosis de pragmatismo y bajaba a los madriles, se mostraba encantado de recibir el premio de "español del año" de las manos del catalanista Abc. ¿Bismarck o Bolívar?, se preguntaba la canallesca, admirada de la bipolaridad ideológica del líder nacionalista. Esa ambigüedad cósmica, decían los plumillas de la época, era una de sus grandezas políticas. Lo cierto, sin embargo, dicho a favor de Pujol, es que el president se movía por las aguas de la turbulencia española, dotado de una notable inteligencia para sortear los muchos acantilados que la transición había dejado al descubierto. Sobre todo porque en la España recosida a golpes de Constitución, había muchos más separadores que separatistas, y la necesidad de mantener el relato catalán dentro de la épica española necesitaba de gramáticas pardas. Y Pujol siempre fue pardo. Sin embargo, e incluso a pesar de los nubarrones, aquellas épocas no pusieron en duda algunos aspectos básicos para el consenso de la transición: que Catalunya era una nación y que sus símbolos fundamentales eran, en consecuencia, tan nacionales como la nación que representaban. Otra cosa –y no era cosa menor– era que la Constitución respirara esa idea acuñada por Peces Barba y Roca Junyent de que España era "nación de naciones", y que explicitara, sin ninguna duda, que era indisoluble. Es decir, y pese a los críticos momentos en que fue escrita, la Constitución negaba el derecho a la autodeterminación, pero no el espíritu "nacional" de algunas de las naciones que conformaban España. Sin duda, también los constituyentes sabían gramática parda.
Tantas décadas después, este espíritu parece a punto de finiquitarse, en manos de un Constitucional en caída libre, con el prestigio a ras de infierno, politizado hasta el delirio, con cuatro magistrados expirados desde el 2007 e incluso con un fallecido, Roberto García-Calvo, que no ha sido sustituido. Las resoluciones que pueda tomar este tribunal están tan contaminadas por su falta de credibilidad y por su apestoso tufo político, que sólo tiene una salida digna, la dimisión, tal como ya apuntaron líderes tan dispares como Artur Mas o Joan Saura. Lejos de ello, parece que se empecina en resolver la patata caliente del Estatut, y, según todos los augures, la resolverá mal. Si se confirman, pues, las negras previsiones, este Constitucional habrá hecho algo extraordinario: siendo el garante de la "unidad de España", se habrá convertido en la mayor apología española de la separación. Llevan la piel de Bismarck, pero son Bolívar en estado puro.
En la España recosida a golpes de Constitución, había más separadores que separatistas
Pilar Rahola La Vang 24-11-09
Recuerdo que era una metáfora muy usada en la época del pujolismo. Ciertamente, Jordi Pujol era un presidente de notables ambivalencias. Cuando pacía alegremente por las montañas de Queralbs, era capaz de gritar el "desperta ferro" y declarar la independencia de Catalunya. Pero cuando se chutaba una dosis de pragmatismo y bajaba a los madriles, se mostraba encantado de recibir el premio de "español del año" de las manos del catalanista Abc. ¿Bismarck o Bolívar?, se preguntaba la canallesca, admirada de la bipolaridad ideológica del líder nacionalista. Esa ambigüedad cósmica, decían los plumillas de la época, era una de sus grandezas políticas. Lo cierto, sin embargo, dicho a favor de Pujol, es que el president se movía por las aguas de la turbulencia española, dotado de una notable inteligencia para sortear los muchos acantilados que la transición había dejado al descubierto. Sobre todo porque en la España recosida a golpes de Constitución, había muchos más separadores que separatistas, y la necesidad de mantener el relato catalán dentro de la épica española necesitaba de gramáticas pardas. Y Pujol siempre fue pardo. Sin embargo, e incluso a pesar de los nubarrones, aquellas épocas no pusieron en duda algunos aspectos básicos para el consenso de la transición: que Catalunya era una nación y que sus símbolos fundamentales eran, en consecuencia, tan nacionales como la nación que representaban. Otra cosa –y no era cosa menor– era que la Constitución respirara esa idea acuñada por Peces Barba y Roca Junyent de que España era "nación de naciones", y que explicitara, sin ninguna duda, que era indisoluble. Es decir, y pese a los críticos momentos en que fue escrita, la Constitución negaba el derecho a la autodeterminación, pero no el espíritu "nacional" de algunas de las naciones que conformaban España. Sin duda, también los constituyentes sabían gramática parda.
Tantas décadas después, este espíritu parece a punto de finiquitarse, en manos de un Constitucional en caída libre, con el prestigio a ras de infierno, politizado hasta el delirio, con cuatro magistrados expirados desde el 2007 e incluso con un fallecido, Roberto García-Calvo, que no ha sido sustituido. Las resoluciones que pueda tomar este tribunal están tan contaminadas por su falta de credibilidad y por su apestoso tufo político, que sólo tiene una salida digna, la dimisión, tal como ya apuntaron líderes tan dispares como Artur Mas o Joan Saura. Lejos de ello, parece que se empecina en resolver la patata caliente del Estatut, y, según todos los augures, la resolverá mal. Si se confirman, pues, las negras previsiones, este Constitucional habrá hecho algo extraordinario: siendo el garante de la "unidad de España", se habrá convertido en la mayor apología española de la separación. Llevan la piel de Bismarck, pero son Bolívar en estado puro.
lunes, 23 de noviembre de 2009
UNA COLONIA
El examen de las relaciones España-Catalunya nunca se acaba. Es una realidad muy compleja sobre la cual todos opinan. Alguna televisora tendria que cerrar si esto no fuera asi.
PB
A continuacion el articulo de Francesc Marc-Alvaro en La Vanguardia de hoy, 23--11-09.
A diferencia del ilustre Balaguer, nosotros ya no podemos confiar en milagros
Don Víctor Balaguer (1824-1901) fue un destacado político liberal del XIX español y un gran impulsor de la Renaixença literaria y cultural catalana, sobre la cual, más tarde, creció el catalanismo político. Balaguer, amigo y seguidor del general Prim, fue, entre otros muchos cargos, diputado a Cortes, vicepresidente del Congreso de los Diputados, presidente del Consejo de Estado, ministro varias veces (de Fomento y de Ultramar) y senador vitalicio. A raíz de la Revolución de Septiembre de 1868, saltó a la arena política de Madrid, donde continuó hasta el día de su muerte.
Durante la Restauración, Balaguer se consolidó como un activo defensor de los intereses catalanes en la capital y como un incansable portavoz de los ideales progresistas del momento. Los catalanistas posteriores –salvo figuras tan lúcidas como Joan Maragall– le atacaron o le desdeñaron, y tampoco le apreciaron los liberales españoles, que le vieron siempre demasiado protofederalista. Este escritor y estadista fue un avanzado que trabajó para que España saliera del atraso y para que Catalunya recuperara su identidad. Aunque nunca fue separatista ni nada parecido, este catalán implicado en el Gobierno español sabía perfectamente cuál era la base del principal problema que todavía hoy nos bloquea. Lo expone claramente en un discurso de 1869: "Desgraciadamente, desde la época de Felipe V, desde que la rama de los Borbones se hubo sentado, sin ley y sin derecho, en el solio de España, la noble, la leal Cataluña, salvo raros y honrosísimos periodos, era mirada como una especie de colonia de España, donde era lícito y justo atropellar las más santas leyes, conculcar los derechos más sagrados.
Gobiernos inicuos y arbitrarios, que afortunadamente el hálito de la revolución ha arrastrado como aristas que lleva el viento: Gobiernos inicuos y conculcadores habían hecho creer al mundo que sólo de esa manera podía haber paz y tranquilidad en Cataluña". Balaguer, henchido de optimismo, pensaba que la revolución en la que él había tomado parte pondría fin a siglos de imposiciones. Erró. Como tantos hasta hoy.
Las palabras de este prócer lejano resuenan con rabiosa actualidad, mientras esperamos la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatut. Y mientras la reciente reforma de la Lofca nos deja a la intemperie financiera. El president Montilla hizo ayer las advertencias oportunas y puso el dedo en la llaga al notar que "por primera vez en treinta años, tienen que pronunciarse sobre una ley refrendada por el pueblo de Catalunya". ¿Cuál será la respuesta si nos tratan como una especie de colonia, por decirlo tan exactamente como el ministro Balaguer?
Esos "gobiernos inicuos y arbitrarios" que parecían llamados a desaparecer de la historia de España son eternos, atraviesan épocas y regímenes, se adaptan fácilmente a cada circunstancia para conseguir su objetivo. Pero, a diferencia del ilustre Balaguer, nosotros ya no podemos confiar en milagros.
PB
A continuacion el articulo de Francesc Marc-Alvaro en La Vanguardia de hoy, 23--11-09.
A diferencia del ilustre Balaguer, nosotros ya no podemos confiar en milagros
Don Víctor Balaguer (1824-1901) fue un destacado político liberal del XIX español y un gran impulsor de la Renaixença literaria y cultural catalana, sobre la cual, más tarde, creció el catalanismo político. Balaguer, amigo y seguidor del general Prim, fue, entre otros muchos cargos, diputado a Cortes, vicepresidente del Congreso de los Diputados, presidente del Consejo de Estado, ministro varias veces (de Fomento y de Ultramar) y senador vitalicio. A raíz de la Revolución de Septiembre de 1868, saltó a la arena política de Madrid, donde continuó hasta el día de su muerte.
Durante la Restauración, Balaguer se consolidó como un activo defensor de los intereses catalanes en la capital y como un incansable portavoz de los ideales progresistas del momento. Los catalanistas posteriores –salvo figuras tan lúcidas como Joan Maragall– le atacaron o le desdeñaron, y tampoco le apreciaron los liberales españoles, que le vieron siempre demasiado protofederalista. Este escritor y estadista fue un avanzado que trabajó para que España saliera del atraso y para que Catalunya recuperara su identidad. Aunque nunca fue separatista ni nada parecido, este catalán implicado en el Gobierno español sabía perfectamente cuál era la base del principal problema que todavía hoy nos bloquea. Lo expone claramente en un discurso de 1869: "Desgraciadamente, desde la época de Felipe V, desde que la rama de los Borbones se hubo sentado, sin ley y sin derecho, en el solio de España, la noble, la leal Cataluña, salvo raros y honrosísimos periodos, era mirada como una especie de colonia de España, donde era lícito y justo atropellar las más santas leyes, conculcar los derechos más sagrados.
Gobiernos inicuos y arbitrarios, que afortunadamente el hálito de la revolución ha arrastrado como aristas que lleva el viento: Gobiernos inicuos y conculcadores habían hecho creer al mundo que sólo de esa manera podía haber paz y tranquilidad en Cataluña". Balaguer, henchido de optimismo, pensaba que la revolución en la que él había tomado parte pondría fin a siglos de imposiciones. Erró. Como tantos hasta hoy.
Las palabras de este prócer lejano resuenan con rabiosa actualidad, mientras esperamos la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatut. Y mientras la reciente reforma de la Lofca nos deja a la intemperie financiera. El president Montilla hizo ayer las advertencias oportunas y puso el dedo en la llaga al notar que "por primera vez en treinta años, tienen que pronunciarse sobre una ley refrendada por el pueblo de Catalunya". ¿Cuál será la respuesta si nos tratan como una especie de colonia, por decirlo tan exactamente como el ministro Balaguer?
Esos "gobiernos inicuos y arbitrarios" que parecían llamados a desaparecer de la historia de España son eternos, atraviesan épocas y regímenes, se adaptan fácilmente a cada circunstancia para conseguir su objetivo. Pero, a diferencia del ilustre Balaguer, nosotros ya no podemos confiar en milagros.
martes, 13 de octubre de 2009
12 DE OCTUBRE ENVASADO AL VACÍO
ESPAÑA ES UNA REALIDAD ENVASADA AL VACÍO
Enric Juliana | Madrid | 13/10/2009 |
España es hoy una realidad envasada al vacío. Las potencialidades del país se conservan intactas, sin aire, aprisionadas, a la espera de que algo ocurra. La celebración del 12 de Octubre, fiesta nacional, fue ayer fiel espejo de la plastificación política y de su inquietante suma de debilidades: el presidente del Gobierno fue abucheado como nunca durante el desfile militar en el paseo de la Castellana de Madrid, y el líder de la oposición se convirtió en el centro de todas las miradas en la posterior recepción en el Palacio Real. El Partido Popular tiene hoy una cita con los servicios de limpieza. Gran telón de fondo de la jornada: el peligroso desfiladero de Afganistán.
Telón y notas dinámicas: la presencia por primera vez de representantes del Gobierno y del Parlamento vasco (el consejero de Interior, Rodolfo Ares, y la presidenta de la Cámara, Arantza Quiroga); la mayor sobriedad del desfile militar, y el ágil protagonismo de la monarquía al anunciar en palacio que don Juan Carlos viajará a Washington en el próximo mes de diciembre, donde será recibido por el presidente de Estados Unidos, Barack Obama.
La política española se ha envasado al vacío, pendiente como en los años sesenta, como en los setenta, como en los ochenta, de unas señales de aliento y recuperación que sólo pueden venir de fuera. El Gobierno lo confía casi todo a un Mr. Marshall posmoderno, sostenible y renovable. Ese ente sobrenatural se llama Barack Obama y recibirá hoy a José Luis Rodríguez Zapatero en la Casa Blanca. La anunciada visita del Rey a Washington ensancha el carril preferente que el Ejecutivo quiere abrir con la nueva Administración norteamericana (¿aznarismo de izquierdas?), a la vez que pone de manifiesto la gentileza del Rey: la primera foto al lado de la chimenea del despacho Oval será la de Zapatero.
El presidente del Gobierno ayer levitaba. En la Castellana se mantuvo absolutamente impertérrito ante los abucheos que a duras penas podían acallar los acordes de la música militar. Y en palacio exhibió su perenne sonrisa y un brillo en la mirada –¿sed de más astucias y enredos?– que suele acentuar en los actos públicos. Por la mañana, Zapatero se había desayunado con otros dos sondeos adversos (Antena 3 y diario Público), que confirman la reciente encuesta del Instituto Noxa para La Vanguardia: el PP se halla cuatro puntos por delante del PSOE en intención de voto, con tendencia al despegue. Nada de eso importaba ayer. Los oídos del presidente sólo escuchan un mantra: Obama, Obama, Obama.
Rajoy también había leído las encuestas y estaba contento. "A mí lo que ahora me importa es dirigirme a la gente normal, a la gente que conserva el sentido común, que es la mayoría", repetía en los corrillos. Estaba moderadamente contento, contento con el freno de mano puesto, porque en lugares muy visibles de su partido la normalidad brilla por su ausencia. El PP tiene esta tarde una cita con los servicios de limpieza: la ejecutiva de Valencia deberá aceptar que sus líneas defensivas han sido desbordadas por la avalancha sumarial del caso Gürtel. Ricardo Costa será sacrificado como secretario general del PP valenciano (la segunda organización más importante del partido después de Madrid),y nadie sabe si ello será suficiente en las próximas semanas. Rajoy, todavía dueño de sus tiempos, ha dado plenos poderes a María Dolores de Cospedal para acelerar las labores de saneamiento. En el ínterin, el PP se aferra a lo que puede para mantener vivo el mensaje de que es objeto de una deliberada campaña de acoso en la que no se respetan todas las garantías procesales.
Más debilidades. El Tribunal Constitucional sigue empantanado con la sentencia del Estatut de Catalunya. Los magistrados ya no pueden ocultar su incomodo cuando acuden a un acto público. Mientras en Italia –país del que hoy se exageran deliberadamente los defectos– la Alta Corte ha tenido el arrojo de parar los pies al primer ministro, en España, el Tribunal Constitucional, con cuatro de sus diez miembros deliberantes fuera del tiempo de mandato, no se atreve a sentenciar el segundo Estatut de Catalunya. No salen los números y se superponen las estrategias. ¿Asistiremos finalmente a un nuevo aplazamiento de la sentencia para que José Montilla pueda anticipar las elecciones catalanas al mes de junio, acolchado por la presidencia española de la Unión Europea?
No había ayer en Madrid ningún dirigente catalán a quien preguntárselo. Montilla, que asistió hace tres años a los festejos del 12 de Octubre, excusó su asistencia (sólo acudieron diez de los 17 presidentes de comunidades y ciudades autónomas). Cada vez se hace más evidente que Catalunya es el tema; el verdadero eslabón débil de las Españas. El nexo envasado al vacío.
Enric Juliana | Madrid | 13/10/2009 |
España es hoy una realidad envasada al vacío. Las potencialidades del país se conservan intactas, sin aire, aprisionadas, a la espera de que algo ocurra. La celebración del 12 de Octubre, fiesta nacional, fue ayer fiel espejo de la plastificación política y de su inquietante suma de debilidades: el presidente del Gobierno fue abucheado como nunca durante el desfile militar en el paseo de la Castellana de Madrid, y el líder de la oposición se convirtió en el centro de todas las miradas en la posterior recepción en el Palacio Real. El Partido Popular tiene hoy una cita con los servicios de limpieza. Gran telón de fondo de la jornada: el peligroso desfiladero de Afganistán.
Telón y notas dinámicas: la presencia por primera vez de representantes del Gobierno y del Parlamento vasco (el consejero de Interior, Rodolfo Ares, y la presidenta de la Cámara, Arantza Quiroga); la mayor sobriedad del desfile militar, y el ágil protagonismo de la monarquía al anunciar en palacio que don Juan Carlos viajará a Washington en el próximo mes de diciembre, donde será recibido por el presidente de Estados Unidos, Barack Obama.
La política española se ha envasado al vacío, pendiente como en los años sesenta, como en los setenta, como en los ochenta, de unas señales de aliento y recuperación que sólo pueden venir de fuera. El Gobierno lo confía casi todo a un Mr. Marshall posmoderno, sostenible y renovable. Ese ente sobrenatural se llama Barack Obama y recibirá hoy a José Luis Rodríguez Zapatero en la Casa Blanca. La anunciada visita del Rey a Washington ensancha el carril preferente que el Ejecutivo quiere abrir con la nueva Administración norteamericana (¿aznarismo de izquierdas?), a la vez que pone de manifiesto la gentileza del Rey: la primera foto al lado de la chimenea del despacho Oval será la de Zapatero.
El presidente del Gobierno ayer levitaba. En la Castellana se mantuvo absolutamente impertérrito ante los abucheos que a duras penas podían acallar los acordes de la música militar. Y en palacio exhibió su perenne sonrisa y un brillo en la mirada –¿sed de más astucias y enredos?– que suele acentuar en los actos públicos. Por la mañana, Zapatero se había desayunado con otros dos sondeos adversos (Antena 3 y diario Público), que confirman la reciente encuesta del Instituto Noxa para La Vanguardia: el PP se halla cuatro puntos por delante del PSOE en intención de voto, con tendencia al despegue. Nada de eso importaba ayer. Los oídos del presidente sólo escuchan un mantra: Obama, Obama, Obama.
Rajoy también había leído las encuestas y estaba contento. "A mí lo que ahora me importa es dirigirme a la gente normal, a la gente que conserva el sentido común, que es la mayoría", repetía en los corrillos. Estaba moderadamente contento, contento con el freno de mano puesto, porque en lugares muy visibles de su partido la normalidad brilla por su ausencia. El PP tiene esta tarde una cita con los servicios de limpieza: la ejecutiva de Valencia deberá aceptar que sus líneas defensivas han sido desbordadas por la avalancha sumarial del caso Gürtel. Ricardo Costa será sacrificado como secretario general del PP valenciano (la segunda organización más importante del partido después de Madrid),y nadie sabe si ello será suficiente en las próximas semanas. Rajoy, todavía dueño de sus tiempos, ha dado plenos poderes a María Dolores de Cospedal para acelerar las labores de saneamiento. En el ínterin, el PP se aferra a lo que puede para mantener vivo el mensaje de que es objeto de una deliberada campaña de acoso en la que no se respetan todas las garantías procesales.
Más debilidades. El Tribunal Constitucional sigue empantanado con la sentencia del Estatut de Catalunya. Los magistrados ya no pueden ocultar su incomodo cuando acuden a un acto público. Mientras en Italia –país del que hoy se exageran deliberadamente los defectos– la Alta Corte ha tenido el arrojo de parar los pies al primer ministro, en España, el Tribunal Constitucional, con cuatro de sus diez miembros deliberantes fuera del tiempo de mandato, no se atreve a sentenciar el segundo Estatut de Catalunya. No salen los números y se superponen las estrategias. ¿Asistiremos finalmente a un nuevo aplazamiento de la sentencia para que José Montilla pueda anticipar las elecciones catalanas al mes de junio, acolchado por la presidencia española de la Unión Europea?
No había ayer en Madrid ningún dirigente catalán a quien preguntárselo. Montilla, que asistió hace tres años a los festejos del 12 de Octubre, excusó su asistencia (sólo acudieron diez de los 17 presidentes de comunidades y ciudades autónomas). Cada vez se hace más evidente que Catalunya es el tema; el verdadero eslabón débil de las Españas. El nexo envasado al vacío.
domingo, 11 de octubre de 2009
SOBRE EL ESTATUT
11/10/2009
EDITORIAL: El indignante retraso del Estatut
• La división, la fatiga y los recelos impiden al TC resolver el Estatut
• De la Vega segura que no le "preocupa" que se retrase más la sentencia sobre el Estatut
La información que se publica hoy en las páginas de EL PERIÓDICO DE CATALUNYA indica que, posiblemente, no se cumplirá lo anunciado por la presidenta del Tribunal Constitucional, María Emilia Casas, y la sentencia sobre el Estatut no verá la luz este mes. Incluso puede retrasarse aún más.
La primera reacción es de indignación. ¿Cómo puede ser que el recurso de inconstitucionalidad del PP no se haya resuelto en tres años? Una sentencia contra un Estatut aprobado por amplia mayoría por el Parlament de Catalunya, enmendado y aprobado luego por el Congreso y el Senado españoles y refrendado más tarde por el pueblo de Catalunya siempre sería difícil de explicar. Tres años después sería un desatino.
La segunda reacción es de verdadero estupor. Un grupo de cuatro magistrados siguen las directrices del Partido Popular, otros cuatro –más plurales– aceptan el Estatut y dos tienen reparos. Y la presidenta, que ya toleró el apartamiento injustificado de un magistrado (Pablo Pérez Tremps) no quiere ejercer su voto de calidad.
Todos los tribunales constitucionales del mundo están politizados. Es normal, no nos rasguemos las vestiduras por ello. Sin embargo, otra cosa es que la cúpula de un partido bloquee el tribunal y enrarezca tanto el clima que la presidenta tenga miedo de ejercer su prerrogativa del voto de calidad.La tercera reacción es de honda preocupación. El Tribunal Constitucional camina hacia su deslegitimación y la culpa es de la cúpula de los partidos. De los 12 magistrados, uno ha muerto y no hay consenso para el relevo. Otro fue inhabilitado sobre el Estatut de forma harto extraña. Quedan 10. Pero, de estos, cuatro están a punto de cumplir 11 años en el cargo, cuando la Constitución fija un mandato de nueve.
Es grotesco que el Tribunal Constitucional incumpla la Constitución. ¿Puede un tribunal con solo la mitad (constitucional) de sus miembros dictar sentencia sobre el Estatut? ¿No sabe la derecha que una sentencia contraria en estas condiciones fomentaría la «desafección» de Catalunya respecto del resto de España? ¿Es admisible que la renovación del Tribunal Constitucional lleve dos años de retraso? ¿Tiene sentido de Estado (español) un partido como el PP que por intereses partidistas retrasa la renovación y pone en riesgo la convivencia entre las nacionalidades y regiones que reconoce la Constitución?
Catalunya espera la sentencia, pero en este punto quizá lo mejor (para Catalunya y para España) sería forzar la renovación. Y hay maneras.
EL PERIODICO DE CATALUNYA
EDITORIAL: El indignante retraso del Estatut
• La división, la fatiga y los recelos impiden al TC resolver el Estatut
• De la Vega segura que no le "preocupa" que se retrase más la sentencia sobre el Estatut
La información que se publica hoy en las páginas de EL PERIÓDICO DE CATALUNYA indica que, posiblemente, no se cumplirá lo anunciado por la presidenta del Tribunal Constitucional, María Emilia Casas, y la sentencia sobre el Estatut no verá la luz este mes. Incluso puede retrasarse aún más.
La primera reacción es de indignación. ¿Cómo puede ser que el recurso de inconstitucionalidad del PP no se haya resuelto en tres años? Una sentencia contra un Estatut aprobado por amplia mayoría por el Parlament de Catalunya, enmendado y aprobado luego por el Congreso y el Senado españoles y refrendado más tarde por el pueblo de Catalunya siempre sería difícil de explicar. Tres años después sería un desatino.
La segunda reacción es de verdadero estupor. Un grupo de cuatro magistrados siguen las directrices del Partido Popular, otros cuatro –más plurales– aceptan el Estatut y dos tienen reparos. Y la presidenta, que ya toleró el apartamiento injustificado de un magistrado (Pablo Pérez Tremps) no quiere ejercer su voto de calidad.
Todos los tribunales constitucionales del mundo están politizados. Es normal, no nos rasguemos las vestiduras por ello. Sin embargo, otra cosa es que la cúpula de un partido bloquee el tribunal y enrarezca tanto el clima que la presidenta tenga miedo de ejercer su prerrogativa del voto de calidad.La tercera reacción es de honda preocupación. El Tribunal Constitucional camina hacia su deslegitimación y la culpa es de la cúpula de los partidos. De los 12 magistrados, uno ha muerto y no hay consenso para el relevo. Otro fue inhabilitado sobre el Estatut de forma harto extraña. Quedan 10. Pero, de estos, cuatro están a punto de cumplir 11 años en el cargo, cuando la Constitución fija un mandato de nueve.
Es grotesco que el Tribunal Constitucional incumpla la Constitución. ¿Puede un tribunal con solo la mitad (constitucional) de sus miembros dictar sentencia sobre el Estatut? ¿No sabe la derecha que una sentencia contraria en estas condiciones fomentaría la «desafección» de Catalunya respecto del resto de España? ¿Es admisible que la renovación del Tribunal Constitucional lleve dos años de retraso? ¿Tiene sentido de Estado (español) un partido como el PP que por intereses partidistas retrasa la renovación y pone en riesgo la convivencia entre las nacionalidades y regiones que reconoce la Constitución?
Catalunya espera la sentencia, pero en este punto quizá lo mejor (para Catalunya y para España) sería forzar la renovación. Y hay maneras.
EL PERIODICO DE CATALUNYA
jueves, 16 de julio de 2009
CATALUNYA Y ESPAÑA, OTRA VEZ
Catalunya y España, otra vez
Lluís Foix
LA VANG 17 7 09
La fragilidad política de Zapatero lo ha empujado a dar vía libre a un nuevo modelo de financiación
Vuelve el viejo contencioso entre España y Catalunya a raíz del nuevo modelo de financiación autonómica, que no es sólo un reparto más equitativo de recursos en el marco del Estado autonómico, sino que abre la vía a una España federal. Coincido con el conseller Castells al poner el máximo énfasis en que es un cambio de modelo sobre el que se podrá construir una relación más justa entre las comunidades autónomas sin que el principio de subsidiariedad sea tan desproporcionado como hasta ahora. Un ciudadano de Catalunya puede aportar más al resto de sus conciudadanos, pero en ningún caso recibir menos del Estado como ha sido el caso hasta ahora.
¿A qué viene este atropello mediático de buena parte de la prensa de Madrid contra Catalunya? Manuel Azaña lo decía ya en 1933 cuando se aprobó el primer Estatuto catalán al expresar su convencimiento de que las malas inteligencias entre Catalunya y el resto de España nacen, entre otras causas, de una muy importante, que es la ignorancia.
También de la resistencia a admitir que el hecho diferencial existe por razones históricas y culturales. En un ambiente parecido de clara hostilidad anticatalana, Cambó se dirigió a los políticos de la derecha españolista con aquella sentencia tan conocida: pasará este Parlamento, desaparecerán todos los partidos que están aquí representados, caerán regímenes y el hecho vivo de Catalunya subsistirá.
No es solamente la derecha política la que no acepta la diferencialidad catalana, sino también una parte de la izquierda y el sentimiento muy extendido en la opinión pública española.
La fragilidad política de Zapatero lo ha empujado a dar vía libre a un nuevo modelo de financiación que, en realidad, es un replanteamiento en profundidad de la organización territorial del Estado en el que Catalunya se pueda sentir cómoda y justamente tratada.
Los grandes estados del mundo, desde el imperio romano hasta el austrohúngaro pasando por Estados Unidos y el Reino Unido, son ejemplos de una riquísima diversidad de naciones, culturas, paisajes humanos, usos y tradiciones que han mantenido una unidad aparentemente precaria pero que ha sido su gran fuerza.
Mientras no se acepte con normalidad que hay más de una manera de sentirse español, mientras todo lo que venga de Catalunya sea sospechoso, mientras todo valga para atizar a los catalanes, aumentará la desafección y crecerá el sentimjento independentista. Estoy de acuerdo con Rafael Jorba cuando dice que "estamos delante de la última oportunidad de poder vestir una Catalunya libre y plena, en el marco de un Estado español que haga de la identidad del otro el fundamento de su fortaleza".
Las raíces del catalanismo son culturales, cívicas, integradoras e históricas. ¿Cuesta tanto entenderlo?
Lluís Foix
LA VANG 17 7 09
La fragilidad política de Zapatero lo ha empujado a dar vía libre a un nuevo modelo de financiación
Vuelve el viejo contencioso entre España y Catalunya a raíz del nuevo modelo de financiación autonómica, que no es sólo un reparto más equitativo de recursos en el marco del Estado autonómico, sino que abre la vía a una España federal. Coincido con el conseller Castells al poner el máximo énfasis en que es un cambio de modelo sobre el que se podrá construir una relación más justa entre las comunidades autónomas sin que el principio de subsidiariedad sea tan desproporcionado como hasta ahora. Un ciudadano de Catalunya puede aportar más al resto de sus conciudadanos, pero en ningún caso recibir menos del Estado como ha sido el caso hasta ahora.
¿A qué viene este atropello mediático de buena parte de la prensa de Madrid contra Catalunya? Manuel Azaña lo decía ya en 1933 cuando se aprobó el primer Estatuto catalán al expresar su convencimiento de que las malas inteligencias entre Catalunya y el resto de España nacen, entre otras causas, de una muy importante, que es la ignorancia.
También de la resistencia a admitir que el hecho diferencial existe por razones históricas y culturales. En un ambiente parecido de clara hostilidad anticatalana, Cambó se dirigió a los políticos de la derecha españolista con aquella sentencia tan conocida: pasará este Parlamento, desaparecerán todos los partidos que están aquí representados, caerán regímenes y el hecho vivo de Catalunya subsistirá.
No es solamente la derecha política la que no acepta la diferencialidad catalana, sino también una parte de la izquierda y el sentimiento muy extendido en la opinión pública española.
La fragilidad política de Zapatero lo ha empujado a dar vía libre a un nuevo modelo de financiación que, en realidad, es un replanteamiento en profundidad de la organización territorial del Estado en el que Catalunya se pueda sentir cómoda y justamente tratada.
Los grandes estados del mundo, desde el imperio romano hasta el austrohúngaro pasando por Estados Unidos y el Reino Unido, son ejemplos de una riquísima diversidad de naciones, culturas, paisajes humanos, usos y tradiciones que han mantenido una unidad aparentemente precaria pero que ha sido su gran fuerza.
Mientras no se acepte con normalidad que hay más de una manera de sentirse español, mientras todo lo que venga de Catalunya sea sospechoso, mientras todo valga para atizar a los catalanes, aumentará la desafección y crecerá el sentimjento independentista. Estoy de acuerdo con Rafael Jorba cuando dice que "estamos delante de la última oportunidad de poder vestir una Catalunya libre y plena, en el marco de un Estado español que haga de la identidad del otro el fundamento de su fortaleza".
Las raíces del catalanismo son culturales, cívicas, integradoras e históricas. ¿Cuesta tanto entenderlo?
SERA EL PP ALIADO DE ESQUERRA?
Por Pilar Rahola La Vanguardia 16 7 09
No hay duda de que, contra el PP, ERC vive mejor, y en el victimismo fluye su mejor resultado
Enric Juliana lo ha explicado con su natural perspicacia. Dice que esta vez, el terremoto anticatalán no llegará a la escala 7,5 del que sacudió la villa y corte en el 2005, cuando se llegó a leer la pintada "no entrar, que son catalanes", frente al supermercado de Castelló con María de Molina. Fueron tiempos de verbos airados en los micrófonos reclcitrantes, de declaraciones delirantes, en las bocas de rancios líderes, de frontismo abrupto y agresivo. Fueron tiempos en que la campaña del PP alimentó el odio de unos, y el victimismo de otros, hasta el punto de que se establecieron vasos comunicantes entre la estrategia electoral del PP y la de ERC, ambos alimentados por la confrontación catalana. Después llegó la dura realidad para el PP frontista, su hundimiento en Catalunya, su alejamiento del centro racional, y el golpe de Estado de Mariano Rajoy, que acalló los ruidos, controló las furias internas y centró el discurso. Sin embargo, la tentación catalana quedó danzando en las esquinas de la calle Génova, y aún tuvo ocasión de dar antipáticos coletazos. Véase, por ejemplo, la nefasta campaña del PP sobre el catalán en las escuelas, cuando las europeas, uso de niños incluido. Pero, a pesar de esos grotescos ataques de fiebre, es de recibo reconocer que el PP actual está intentando poner sordina al debate catalán, y con él, intenta establecer una nueva relación con esta díscola tierra. Aunque, la pesada herencia del recurso pepero en el Constitucional no construye, precisamente, puentes de diálogo. Más allá, sin embargo, de las hipotecas del pasado, la actualidad facilita un magnífico termómetro para atisbar o desmentir este nuevo paradigma de la derecha española. Sin duda, la reacción del PP respecto al acuerdo de financiación dará la medida del cambio. ¿Se dedicará el PP a despertar a las furias anticatalanas? ¿Usarán, sus líderes autonómicos, la demagogia del agravio económico, como tantas veces han hecho? O ¿intentarán construir una crítica racional, que no pasepor la confrontación territorial, sino por la lógica política?De momento, parece que se impone el sentido común, que es tanto como decir que Rajoy manda más de lo previsible.
Si el terremoto, pues, se mantiene en la escala 4 que prevé Enric Juliana, la carga del tema pasa al otro lado del espectro, allí donde el anticatalanismo facilita la estrategia. ERC necesita, como agua de mayo, la confrontación con la España pepera. No hay ninguna duda de que, contra el PP, ERC vive mejor, y es en el victimismo donde fluyen sus mejores resultados. ERC debe hacer muchas piruetas, justificar las renuncias del acuerdo, venderlo a sus huestes y no morir en el intento. Si el PP se desmelena, ERC adquiere la heroicidad perdida. Pero si se queda sin enemigo malo, ¿cómo explicará la naturaleza de sus amigos?
No hay duda de que, contra el PP, ERC vive mejor, y en el victimismo fluye su mejor resultado
Enric Juliana lo ha explicado con su natural perspicacia. Dice que esta vez, el terremoto anticatalán no llegará a la escala 7,5 del que sacudió la villa y corte en el 2005, cuando se llegó a leer la pintada "no entrar, que son catalanes", frente al supermercado de Castelló con María de Molina. Fueron tiempos de verbos airados en los micrófonos reclcitrantes, de declaraciones delirantes, en las bocas de rancios líderes, de frontismo abrupto y agresivo. Fueron tiempos en que la campaña del PP alimentó el odio de unos, y el victimismo de otros, hasta el punto de que se establecieron vasos comunicantes entre la estrategia electoral del PP y la de ERC, ambos alimentados por la confrontación catalana. Después llegó la dura realidad para el PP frontista, su hundimiento en Catalunya, su alejamiento del centro racional, y el golpe de Estado de Mariano Rajoy, que acalló los ruidos, controló las furias internas y centró el discurso. Sin embargo, la tentación catalana quedó danzando en las esquinas de la calle Génova, y aún tuvo ocasión de dar antipáticos coletazos. Véase, por ejemplo, la nefasta campaña del PP sobre el catalán en las escuelas, cuando las europeas, uso de niños incluido. Pero, a pesar de esos grotescos ataques de fiebre, es de recibo reconocer que el PP actual está intentando poner sordina al debate catalán, y con él, intenta establecer una nueva relación con esta díscola tierra. Aunque, la pesada herencia del recurso pepero en el Constitucional no construye, precisamente, puentes de diálogo. Más allá, sin embargo, de las hipotecas del pasado, la actualidad facilita un magnífico termómetro para atisbar o desmentir este nuevo paradigma de la derecha española. Sin duda, la reacción del PP respecto al acuerdo de financiación dará la medida del cambio. ¿Se dedicará el PP a despertar a las furias anticatalanas? ¿Usarán, sus líderes autonómicos, la demagogia del agravio económico, como tantas veces han hecho? O ¿intentarán construir una crítica racional, que no pasepor la confrontación territorial, sino por la lógica política?De momento, parece que se impone el sentido común, que es tanto como decir que Rajoy manda más de lo previsible.
Si el terremoto, pues, se mantiene en la escala 4 que prevé Enric Juliana, la carga del tema pasa al otro lado del espectro, allí donde el anticatalanismo facilita la estrategia. ERC necesita, como agua de mayo, la confrontación con la España pepera. No hay ninguna duda de que, contra el PP, ERC vive mejor, y es en el victimismo donde fluyen sus mejores resultados. ERC debe hacer muchas piruetas, justificar las renuncias del acuerdo, venderlo a sus huestes y no morir en el intento. Si el PP se desmelena, ERC adquiere la heroicidad perdida. Pero si se queda sin enemigo malo, ¿cómo explicará la naturaleza de sus amigos?
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