ESPAÑA ES UNA REALIDAD ENVASADA AL VACÍO
Enric Juliana | Madrid | 13/10/2009 |
España es hoy una realidad envasada al vacío. Las potencialidades del país se conservan intactas, sin aire, aprisionadas, a la espera de que algo ocurra. La celebración del 12 de Octubre, fiesta nacional, fue ayer fiel espejo de la plastificación política y de su inquietante suma de debilidades: el presidente del Gobierno fue abucheado como nunca durante el desfile militar en el paseo de la Castellana de Madrid, y el líder de la oposición se convirtió en el centro de todas las miradas en la posterior recepción en el Palacio Real. El Partido Popular tiene hoy una cita con los servicios de limpieza. Gran telón de fondo de la jornada: el peligroso desfiladero de Afganistán.
Telón y notas dinámicas: la presencia por primera vez de representantes del Gobierno y del Parlamento vasco (el consejero de Interior, Rodolfo Ares, y la presidenta de la Cámara, Arantza Quiroga); la mayor sobriedad del desfile militar, y el ágil protagonismo de la monarquía al anunciar en palacio que don Juan Carlos viajará a Washington en el próximo mes de diciembre, donde será recibido por el presidente de Estados Unidos, Barack Obama.
La política española se ha envasado al vacío, pendiente como en los años sesenta, como en los setenta, como en los ochenta, de unas señales de aliento y recuperación que sólo pueden venir de fuera. El Gobierno lo confía casi todo a un Mr. Marshall posmoderno, sostenible y renovable. Ese ente sobrenatural se llama Barack Obama y recibirá hoy a José Luis Rodríguez Zapatero en la Casa Blanca. La anunciada visita del Rey a Washington ensancha el carril preferente que el Ejecutivo quiere abrir con la nueva Administración norteamericana (¿aznarismo de izquierdas?), a la vez que pone de manifiesto la gentileza del Rey: la primera foto al lado de la chimenea del despacho Oval será la de Zapatero.
El presidente del Gobierno ayer levitaba. En la Castellana se mantuvo absolutamente impertérrito ante los abucheos que a duras penas podían acallar los acordes de la música militar. Y en palacio exhibió su perenne sonrisa y un brillo en la mirada –¿sed de más astucias y enredos?– que suele acentuar en los actos públicos. Por la mañana, Zapatero se había desayunado con otros dos sondeos adversos (Antena 3 y diario Público), que confirman la reciente encuesta del Instituto Noxa para La Vanguardia: el PP se halla cuatro puntos por delante del PSOE en intención de voto, con tendencia al despegue. Nada de eso importaba ayer. Los oídos del presidente sólo escuchan un mantra: Obama, Obama, Obama.
Rajoy también había leído las encuestas y estaba contento. "A mí lo que ahora me importa es dirigirme a la gente normal, a la gente que conserva el sentido común, que es la mayoría", repetía en los corrillos. Estaba moderadamente contento, contento con el freno de mano puesto, porque en lugares muy visibles de su partido la normalidad brilla por su ausencia. El PP tiene esta tarde una cita con los servicios de limpieza: la ejecutiva de Valencia deberá aceptar que sus líneas defensivas han sido desbordadas por la avalancha sumarial del caso Gürtel. Ricardo Costa será sacrificado como secretario general del PP valenciano (la segunda organización más importante del partido después de Madrid),y nadie sabe si ello será suficiente en las próximas semanas. Rajoy, todavía dueño de sus tiempos, ha dado plenos poderes a María Dolores de Cospedal para acelerar las labores de saneamiento. En el ínterin, el PP se aferra a lo que puede para mantener vivo el mensaje de que es objeto de una deliberada campaña de acoso en la que no se respetan todas las garantías procesales.
Más debilidades. El Tribunal Constitucional sigue empantanado con la sentencia del Estatut de Catalunya. Los magistrados ya no pueden ocultar su incomodo cuando acuden a un acto público. Mientras en Italia –país del que hoy se exageran deliberadamente los defectos– la Alta Corte ha tenido el arrojo de parar los pies al primer ministro, en España, el Tribunal Constitucional, con cuatro de sus diez miembros deliberantes fuera del tiempo de mandato, no se atreve a sentenciar el segundo Estatut de Catalunya. No salen los números y se superponen las estrategias. ¿Asistiremos finalmente a un nuevo aplazamiento de la sentencia para que José Montilla pueda anticipar las elecciones catalanas al mes de junio, acolchado por la presidencia española de la Unión Europea?
No había ayer en Madrid ningún dirigente catalán a quien preguntárselo. Montilla, que asistió hace tres años a los festejos del 12 de Octubre, excusó su asistencia (sólo acudieron diez de los 17 presidentes de comunidades y ciudades autónomas). Cada vez se hace más evidente que Catalunya es el tema; el verdadero eslabón débil de las Españas. El nexo envasado al vacío.
martes, 13 de octubre de 2009
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