lunes, 23 de noviembre de 2009

UNA COLONIA

El examen de las relaciones España-Catalunya nunca se acaba. Es una realidad muy compleja sobre la cual todos opinan. Alguna televisora tendria que cerrar si esto no fuera asi.
PB

A continuacion el articulo de Francesc Marc-Alvaro en La Vanguardia de hoy, 23--11-09.
A diferencia del ilustre Balaguer, nosotros ya no podemos confiar en milagros


Don Víctor Balaguer (1824-1901) fue un destacado político liberal del XIX español y un gran impulsor de la Renaixença literaria y cultural catalana, sobre la cual, más tarde, creció el catalanismo político. Balaguer, amigo y seguidor del general Prim, fue, entre otros muchos cargos, diputado a Cortes, vicepresidente del Congreso de los Diputados, presidente del Consejo de Estado, ministro varias veces (de Fomento y de Ultramar) y senador vitalicio. A raíz de la Revolución de Septiembre de 1868, saltó a la arena política de Madrid, donde continuó hasta el día de su muerte.

Durante la Restauración, Balaguer se consolidó como un activo defensor de los intereses catalanes en la capital y como un incansable portavoz de los ideales progresistas del momento. Los catalanistas posteriores –salvo figuras tan lúcidas como Joan Maragall– le atacaron o le desdeñaron, y tampoco le apreciaron los liberales españoles, que le vieron siempre demasiado protofederalista. Este escritor y estadista fue un avanzado que trabajó para que España saliera del atraso y para que Catalunya recuperara su identidad. Aunque nunca fue separatista ni nada parecido, este catalán implicado en el Gobierno español sabía perfectamente cuál era la base del principal problema que todavía hoy nos bloquea. Lo expone claramente en un discurso de 1869: "Desgraciadamente, desde la época de Felipe V, desde que la rama de los Borbones se hubo sentado, sin ley y sin derecho, en el solio de España, la noble, la leal Cataluña, salvo raros y honrosísimos periodos, era mirada como una especie de colonia de España, donde era lícito y justo atropellar las más santas leyes, conculcar los derechos más sagrados.
Gobiernos inicuos y arbitrarios, que afortunadamente el hálito de la revolución ha arrastrado como aristas que lleva el viento: Gobiernos inicuos y conculcadores habían hecho creer al mundo que sólo de esa manera podía haber paz y tranquilidad en Cataluña". Balaguer, henchido de optimismo, pensaba que la revolución en la que él había tomado parte pondría fin a siglos de imposiciones. Erró. Como tantos hasta hoy.

Las palabras de este prócer lejano resuenan con rabiosa actualidad, mientras esperamos la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatut. Y mientras la reciente reforma de la Lofca nos deja a la intemperie financiera. El president Montilla hizo ayer las advertencias oportunas y puso el dedo en la llaga al notar que "por primera vez en treinta años, tienen que pronunciarse sobre una ley refrendada por el pueblo de Catalunya". ¿Cuál será la respuesta si nos tratan como una especie de colonia, por decirlo tan exactamente como el ministro Balaguer?

Esos "gobiernos inicuos y arbitrarios" que parecían llamados a desaparecer de la historia de España son eternos, atraviesan épocas y regímenes, se adaptan fácilmente a cada circunstancia para conseguir su objetivo. Pero, a diferencia del ilustre Balaguer, nosotros ya no podemos confiar en milagros.

martes, 13 de octubre de 2009

12 DE OCTUBRE ENVASADO AL VACÍO

ESPAÑA ES UNA REALIDAD ENVASADA AL VACÍO


Enric Juliana | Madrid | 13/10/2009 |


España es hoy una realidad envasada al vacío. Las potencialidades del país se conservan intactas, sin aire, aprisionadas, a la espera de que algo ocurra. La celebración del 12 de Octubre, fiesta nacional, fue ayer fiel espejo de la plastificación política y de su inquietante suma de debilidades: el presidente del Gobierno fue abucheado como nunca durante el desfile militar en el paseo de la Castellana de Madrid, y el líder de la oposición se convirtió en el centro de todas las miradas en la posterior recepción en el Palacio Real. El Partido Popular tiene hoy una cita con los servicios de limpieza. Gran telón de fondo de la jornada: el peligroso desfiladero de Afganistán.

Telón y notas dinámicas: la presencia por primera vez de representantes del Gobierno y del Parlamento vasco (el consejero de Interior, Rodolfo Ares, y la presidenta de la Cámara, Arantza Quiroga); la mayor sobriedad del desfile militar, y el ágil protagonismo de la monarquía al anunciar en palacio que don Juan Carlos viajará a Washington en el próximo mes de diciembre, donde será recibido por el presidente de Estados Unidos, Barack Obama.

La política española se ha envasado al vacío, pendiente como en los años sesenta, como en los setenta, como en los ochenta, de unas señales de aliento y recuperación que sólo pueden venir de fuera. El Gobierno lo confía casi todo a un Mr. Marshall posmoderno, sostenible y renovable. Ese ente sobrenatural se llama Barack Obama y recibirá hoy a José Luis Rodríguez Zapatero en la Casa Blanca. La anunciada visita del Rey a Washington ensancha el carril preferente que el Ejecutivo quiere abrir con la nueva Administración norteamericana (¿aznarismo de izquierdas?), a la vez que pone de manifiesto la gentileza del Rey: la primera foto al lado de la chimenea del despacho Oval será la de Zapatero.

El presidente del Gobierno ayer levitaba. En la Castellana se mantuvo absolutamente impertérrito ante los abucheos que a duras penas podían acallar los acordes de la música militar. Y en palacio exhibió su perenne sonrisa y un brillo en la mirada –¿sed de más astucias y enredos?– que suele acentuar en los actos públicos. Por la mañana, Zapatero se había desayunado con otros dos sondeos adversos (Antena 3 y diario Público), que confirman la reciente encuesta del Instituto Noxa para La Vanguardia: el PP se halla cuatro puntos por delante del PSOE en intención de voto, con tendencia al despegue. Nada de eso importaba ayer. Los oídos del presidente sólo escuchan un mantra: Obama, Obama, Obama.

Rajoy también había leído las encuestas y estaba contento. "A mí lo que ahora me importa es dirigirme a la gente normal, a la gente que conserva el sentido común, que es la mayoría", repetía en los corrillos. Estaba moderadamente contento, contento con el freno de mano puesto, porque en lugares muy visibles de su partido la normalidad brilla por su ausencia. El PP tiene esta tarde una cita con los servicios de limpieza: la ejecutiva de Valencia deberá aceptar que sus líneas defensivas han sido desbordadas por la avalancha sumarial del caso Gürtel. Ricardo Costa será sacrificado como secretario general del PP valenciano (la segunda organización más importante del partido después de Madrid),y nadie sabe si ello será suficiente en las próximas semanas. Rajoy, todavía dueño de sus tiempos, ha dado plenos poderes a María Dolores de Cospedal para acelerar las labores de saneamiento. En el ínterin, el PP se aferra a lo que puede para mantener vivo el mensaje de que es objeto de una deliberada campaña de acoso en la que no se respetan todas las garantías procesales.

Más debilidades. El Tribunal Constitucional sigue empantanado con la sentencia del Estatut de Catalunya. Los magistrados ya no pueden ocultar su incomodo cuando acuden a un acto público. Mientras en Italia –país del que hoy se exageran deliberadamente los defectos– la Alta Corte ha tenido el arrojo de parar los pies al primer ministro, en España, el Tribunal Constitucional, con cuatro de sus diez miembros deliberantes fuera del tiempo de mandato, no se atreve a sentenciar el segundo Estatut de Catalunya. No salen los números y se superponen las estrategias. ¿Asistiremos finalmente a un nuevo aplazamiento de la sentencia para que José Montilla pueda anticipar las elecciones catalanas al mes de junio, acolchado por la presidencia española de la Unión Europea?

No había ayer en Madrid ningún dirigente catalán a quien preguntárselo. Montilla, que asistió hace tres años a los festejos del 12 de Octubre, excusó su asistencia (sólo acudieron diez de los 17 presidentes de comunidades y ciudades autónomas). Cada vez se hace más evidente que Catalunya es el tema; el verdadero eslabón débil de las Españas. El nexo envasado al vacío.

domingo, 11 de octubre de 2009

SOBRE EL ESTATUT

11/10/2009
EDITORIAL: El indignante retraso del Estatut

• La división, la fatiga y los recelos impiden al TC resolver el Estatut
• De la Vega segura que no le "preocupa" que se retrase más la sentencia sobre el Estatut
La información que se publica hoy en las páginas de EL PERIÓDICO DE CATALUNYA indica que, posiblemente, no se cumplirá lo anunciado por la presidenta del Tribunal Constitucional, María Emilia Casas, y la sentencia sobre el Estatut no verá la luz este mes. Incluso puede retrasarse aún más.
La primera reacción es de indignación. ¿Cómo puede ser que el recurso de inconstitucionalidad del PP no se haya resuelto en tres años? Una sentencia contra un Estatut aprobado por amplia mayoría por el Parlament de Catalunya, enmendado y aprobado luego por el Congreso y el Senado españoles y refrendado más tarde por el pueblo de Catalunya siempre sería difícil de explicar. Tres años después sería un desatino.
La segunda reacción es de verdadero estupor. Un grupo de cuatro magistrados siguen las directrices del Partido Popular, otros cuatro –más plurales– aceptan el Estatut y dos tienen reparos. Y la presidenta, que ya toleró el apartamiento injustificado de un magistrado (Pablo Pérez Tremps) no quiere ejercer su voto de calidad.
Todos los tribunales constitucionales del mundo están politizados. Es normal, no nos rasguemos las vestiduras por ello. Sin embargo, otra cosa es que la cúpula de un partido bloquee el tribunal y enrarezca tanto el clima que la presidenta tenga miedo de ejercer su prerrogativa del voto de calidad.La tercera reacción es de honda preocupación. El Tribunal Constitucional camina hacia su deslegitimación y la culpa es de la cúpula de los partidos. De los 12 magistrados, uno ha muerto y no hay consenso para el relevo. Otro fue inhabilitado sobre el Estatut de forma harto extraña. Quedan 10. Pero, de estos, cuatro están a punto de cumplir 11 años en el cargo, cuando la Constitución fija un mandato de nueve.
Es grotesco que el Tribunal Constitucional incumpla la Constitución. ¿Puede un tribunal con solo la mitad (constitucional) de sus miembros dictar sentencia sobre el Estatut? ¿No sabe la derecha que una sentencia contraria en estas condiciones fomentaría la «desafección» de Catalunya respecto del resto de España? ¿Es admisible que la renovación del Tribunal Constitucional lleve dos años de retraso? ¿Tiene sentido de Estado (español) un partido como el PP que por intereses partidistas retrasa la renovación y pone en riesgo la convivencia entre las nacionalidades y regiones que reconoce la Constitución?
Catalunya espera la sentencia, pero en este punto quizá lo mejor (para Catalunya y para España) sería forzar la renovación. Y hay maneras.


EL PERIODICO DE CATALUNYA

jueves, 16 de julio de 2009

CATALUNYA Y ESPAÑA, OTRA VEZ

Catalunya y España, otra vez

Lluís Foix

LA VANG 17 7 09

La fragilidad política de Zapatero lo ha empujado a dar vía libre a un nuevo modelo de financiación
Vuelve el viejo contencioso entre España y Catalunya a raíz del nuevo modelo de financiación autonómica, que no es sólo un reparto más equitativo de recursos en el marco del Estado autonómico, sino que abre la vía a una España federal. Coincido con el conseller Castells al poner el máximo énfasis en que es un cambio de modelo sobre el que se podrá construir una relación más justa entre las comunidades autónomas sin que el principio de subsidiariedad sea tan desproporcionado como hasta ahora. Un ciudadano de Catalunya puede aportar más al resto de sus conciudadanos, pero en ningún caso recibir menos del Estado como ha sido el caso hasta ahora.

¿A qué viene este atropello mediático de buena parte de la prensa de Madrid contra Catalunya? Manuel Azaña lo decía ya en 1933 cuando se aprobó el primer Estatuto catalán al expresar su convencimiento de que las malas inteligencias entre Catalunya y el resto de España nacen, entre otras causas, de una muy importante, que es la ignorancia.

También de la resistencia a admitir que el hecho diferencial existe por razones históricas y culturales. En un ambiente parecido de clara hostilidad anticatalana, Cambó se dirigió a los políticos de la derecha españolista con aquella sentencia tan conocida: pasará este Parlamento, desaparecerán todos los partidos que están aquí representados, caerán regímenes y el hecho vivo de Catalunya subsistirá.

No es solamente la derecha política la que no acepta la diferencialidad catalana, sino también una parte de la izquierda y el sentimiento muy extendido en la opinión pública española.

La fragilidad política de Zapatero lo ha empujado a dar vía libre a un nuevo modelo de financiación que, en realidad, es un replanteamiento en profundidad de la organización territorial del Estado en el que Catalunya se pueda sentir cómoda y justamente tratada.

Los grandes estados del mundo, desde el imperio romano hasta el austrohúngaro pasando por Estados Unidos y el Reino Unido, son ejemplos de una riquísima diversidad de naciones, culturas, paisajes humanos, usos y tradiciones que han mantenido una unidad aparentemente precaria pero que ha sido su gran fuerza.

Mientras no se acepte con normalidad que hay más de una manera de sentirse español, mientras todo lo que venga de Catalunya sea sospechoso, mientras todo valga para atizar a los catalanes, aumentará la desafección y crecerá el sentimjento independentista. Estoy de acuerdo con Rafael Jorba cuando dice que "estamos delante de la última oportunidad de poder vestir una Catalunya libre y plena, en el marco de un Estado español que haga de la identidad del otro el fundamento de su fortaleza".

Las raíces del catalanismo son culturales, cívicas, integradoras e históricas. ¿Cuesta tanto entenderlo?

SERA EL PP ALIADO DE ESQUERRA?

Por Pilar Rahola La Vanguardia 16 7 09

No hay duda de que, contra el PP, ERC vive mejor, y en el victimismo fluye su mejor resultado
Enric Juliana lo ha explicado con su natural perspicacia. Dice que esta vez, el terremoto anticatalán no llegará a la escala 7,5 del que sacudió la villa y corte en el 2005, cuando se llegó a leer la pintada "no entrar, que son catalanes", frente al supermercado de Castelló con María de Molina. Fueron tiempos de verbos airados en los micrófonos reclcitrantes, de declaraciones delirantes, en las bocas de rancios líderes, de frontismo abrupto y agresivo. Fueron tiempos en que la campaña del PP alimentó el odio de unos, y el victimismo de otros, hasta el punto de que se establecieron vasos comunicantes entre la estrategia electoral del PP y la de ERC, ambos alimentados por la confrontación catalana. Después llegó la dura realidad para el PP frontista, su hundimiento en Catalunya, su alejamiento del centro racional, y el golpe de Estado de Mariano Rajoy, que acalló los ruidos, controló las furias internas y centró el discurso. Sin embargo, la tentación catalana quedó danzando en las esquinas de la calle Génova, y aún tuvo ocasión de dar antipáticos coletazos. Véase, por ejemplo, la nefasta campaña del PP sobre el catalán en las escuelas, cuando las europeas, uso de niños incluido. Pero, a pesar de esos grotescos ataques de fiebre, es de recibo reconocer que el PP actual está intentando poner sordina al debate catalán, y con él, intenta establecer una nueva relación con esta díscola tierra. Aunque, la pesada herencia del recurso pepero en el Constitucional no construye, precisamente, puentes de diálogo. Más allá, sin embargo, de las hipotecas del pasado, la actualidad facilita un magnífico termómetro para atisbar o desmentir este nuevo paradigma de la derecha española. Sin duda, la reacción del PP respecto al acuerdo de financiación dará la medida del cambio. ¿Se dedicará el PP a despertar a las furias anticatalanas? ¿Usarán, sus líderes autonómicos, la demagogia del agravio económico, como tantas veces han hecho? O ¿intentarán construir una crítica racional, que no pasepor la confrontación territorial, sino por la lógica política?De momento, parece que se impone el sentido común, que es tanto como decir que Rajoy manda más de lo previsible.

Si el terremoto, pues, se mantiene en la escala 4 que prevé Enric Juliana, la carga del tema pasa al otro lado del espectro, allí donde el anticatalanismo facilita la estrategia. ERC necesita, como agua de mayo, la confrontación con la España pepera. No hay ninguna duda de que, contra el PP, ERC vive mejor, y es en el victimismo donde fluyen sus mejores resultados. ERC debe hacer muchas piruetas, justificar las renuncias del acuerdo, venderlo a sus huestes y no morir en el intento. Si el PP se desmelena, ERC adquiere la heroicidad perdida. Pero si se queda sin enemigo malo, ¿cómo explicará la naturaleza de sus amigos?

domingo, 28 de junio de 2009

LA ESPAÑA PLURAL

25+ 2: ¿liderazgo? La Vanguardia 28-06-09

Ferran Requejo
Hace cinco años, el Gobierno socialista, con el liderazgo de Rodríguez Zapatero, pareció apostar por una actitud más abierta y decidida que los gobiernos anteriores del PSOE y PP para establecer un acuerdo amplio que recondujera la articulación política y financiera de Catalunya en la democracia española. Eran los días de la España plural.La reforma del Estatut y del modelo de financiación aparecían como dos palancas básicas para esta reforma histórica, que permitiría a España entrar en la modernidad política en el tema territorial, y solucionar lo que se hizo mal en la transición y en el desarrollo constitucional.

¿Cuál es el balance para Catalunya de los gobiernos de Zapatero en torno a la España plural,el Estatut, la financiación y las infraestructuras? Pues tras cinco años, se trata de un balance francamente pobre (la decisión de la ampliación del aeropuerto pertenece a un periodo muy anterior, tras aprobarse la faraónica T4 madrileña). En estos años se ha mantenido el casi expolio fiscal que representa para los catalanes el actual sistema de financiación; se ha persistido en la escasa inversión anual del Gobierno central en Catalunya (una deuda histórica,esta de verdad); no se ha reformado la obsoleta gestión centralizada del aeropuerto de Barcelona para que tenga su centro de gravedad en Catalunya, y se ha continuado invadiendo competencias por parte del Gobierno central. El nuevo Estatut (2006), con todas sus limitaciones y decepciones, es una ley vigente, pero no lo parece.

¿Y ahora qué? En el horizonte inmediato aparecen dos temas estrella: el modelo de financiación y la sentencia del Tribunal Constitucional (TC) sobre el Estatut. Se trata de dos temas de calado frente a los que el Gobierno de la Generalitat y los partidos catalanes deberían reaccionar si, como es previsible, se degrada aún más el autogobierno por vía interpretativa y no se cuenta con una financiación solvente.

Todo apunta a que el Gobierno central está proponiendo un modelo de financiación de cortos vuelos, escudado demagógicamente en la situación de crisis económica

- que es algo que técnicamente no incide en el modelo-.Parece que no va a ser ni mucho menos una propuesta para solucionar el problema de fondo. Ni en términos de equidad, ni en términos de eficacia. El Gobierno central sigue ahondando la perspectiva de que Catalunya avance con el freno de mano puesto. Lo cual, además de injusto e inaceptable para los catalanes, resulta irracional para el conjunto del sistema.

Tras el actual desapego generalizado de la población catalana sobre la situación política de los tres últimos años - manifestado en diversos indicadores de desafección política (abstención, resultados de encuestas de opinión...)-,la organización política que parece clave en estos momentos es el PSC. Se trata de un partido que nunca se ha opuesto al PSOE, especialmente en los tramos decisivos de las decisiones, cuando impera una lógica de confrontación con el Gobierno central. Una vez asumida la presidencia de la Generalitat, parecía que esta actuación iba a cambiar, cuando menos en términos institucionales. ¿Qué actitud política adoptará este partido desde el Gobierno de la Generalitat, desde sus 25 diputados en el Congreso (presupuestos del Estado) y sus dos ministros frente a los dos temas mencionados?; ¿qué deberían hacer unos y otros frente a las probables decepciones del modelo de financiación?; ¿y frente a la previsible interpretación a la baja del autogobierno por parte de un TC deslegitimado y manipulado por los dos grandes partidos españoles? ¿Va a ser asumido un modelo de financiación insuficiente y acatada sin más la sentencia del TC si vulnera aspectos clave del autogobierno? El país debe reaccionar. La sociedad civil puede sumarse a una reacción, pero el liderazgo político resulta imprescindible.

Estamos entrando en una nueva fase política. El futuro inmediato del país parece que va a estar presidido por una lógica de confrontación más que de consenso en las relaciones con el Gobierno central. Y para ello Catalunya necesita gobiernos fuertes. El tripartito no lo es. Tampoco lo sería un gobierno de CiU en solitario. El país necesita gobiernos nacionales, coherentes, estables y con programas políticamente ambiciosos que sitúen y refuercen al país en un mundo crecientemente competitivo e interconectado. Europa ya es pequeña como marco de actuación. La clase política catalana habla de globalización, pero todavía mira demasiado a España. El marco de actuación es el mundo. Hace falta más valentía, establecer objetivos claros y, si es necesario, tirar pel dret.

Catalunya necesita gobiernos transversales que tomen decisiones estratégicas en los temas cruciales de futuro (infraestructuras, economía, investigación-innovación, proyección exterior, inmigración, autogobierno, etcétera). Unas decisiones que los gobiernos débiles no toman. Estos últimos incentivan una lógica de gobierno-oposición que propicia una confrontación entre los partidos catalanes. Una lógica basada en reproches mutuos de muy poco alcance político en términos de futuro y que, además, fomentan la desafección ciudadana. Estamos en un momento en el que urge una recuperación de la política en su sentido más amplio y más noble. ¿Estarán el PSC y el resto de partidos a la altura del momento?, ¿o vamos a seguir con letanías de reproches internos? Desde una perspectiva de país, los verdaderos adversarios no están dentro de Catalunya, están fuera.



F. REQUEJO, catedrático de Ciencia Política (UPF) y coautor de ´Desigualtats en democràcia´ (Eumo, 2009)

viernes, 26 de junio de 2009

DISCUTIR COMO AYER

Antoni Puigverd
¿Viejas polémicas catalanas para responder a preguntas económicas de hoy?
La discusión que han mantenido mis admirados Francesc de Carreras, Toni Soler y Jordi Barbeta, a propósito de la gestión del aeropuerto de El Prat, demuestra que todavía tardará algún tiempo el periodismo catalán en tomar conciencia del agotamiento de la narración que ha centrado los últimos treinta años. Soler y Barbeta, efectivamente, cayeron en el prejuicio de confundir la referencia de De Carreras a la Generalitat con una referencia a Catalunya y aprovecharon la ocasión para ironizar sobre sus posiciones. Pero De Carreras describe las relaciones de poder en España en términos abstractos o jurídicos: como si no existieran intereses en disputa, como si no estuviera en juego mucho que perder o que ganar para todos los catalanes, sea cual sea su sentimiento, cuando hablamos de la gestión de un aeropuerto, un instrumento fundamental de la política económica en la era global, según han explicado tantas veces en nuestras páginas Pedro Nueno y Germà Bel. De Carreras usa expresiones aparentemente objetivas que sólo pueden valorarse subjetivamente: "el reparto de competencias (…) debe hacerse por razones de eficacia".

Asistimos, de un tiempo a esta parte, a una nueva idealización tecnocrática. Sucede siempre que la política entra en crisis de confianza. La gestión administrativa adquiere, por contraste, un aura de "asepsia" y "neutralidad". Lo técnico, especialmente en los añejos pasillos del Estado, no estaría "contaminado" por lo político (ni por lo sentimental, siempre sospechoso de obsceno interés o irracionalidad). Sólo en un caso la tecnocracia estaría contaminada: la Administración autonómica. Mientras todo el mundo se rasga las vestiduras (yo el primero) por los excesos suntuarios de las autonomías (trajes, coches o viajes), nunca los medios sospechan de los excesos de la Administración del Estado. Ysi, como sucede ahora, se revelan supuestos gastos faraónicos del director de lo servicios secretos (CNI), no se cuestiona la funcionalidad del sistema: se cuestiona al personaje, pretexto en realidad, de la enésima batalla por el control del poder central.

Planteada en los términos de mis queridos colegas, la polémica sobre la gestión del aeropuerto confronta inútilmente dos prejuicios. Pero el tiempo de este dilema ya ha pasado. La gestión de Aena, técnicamente impecable, responde a una visión radial de España, que bloquea la conversión de Barcelona en nódulo de la red global y, por lo tanto, la provincializa económicamente. Infinitamente más decisivo que un poco más o menos de nación en el Estatut era, por lo tanto, la cuestión del aeropuerto. La narración política todavía da vueltas a la noria sentimental, pero los cambios en la estructura económica de España deberían suscitar en todos los catalanes, piensen o sientan como De Carreras o como Soler, una reflexión: Si nos interesa defender hoy la potencialidad de Barcelona, ¿qué hay que hacer?
'
La vanguardia. 26-6-09