LA VANGUARDIA 7-12-08
TITULO: CARDO Y DON JUAN
Albert Manent
Esta figura de la Iglesia de Catalunya recogió la herencia del obispo Torras i Bages y se convirtió en pensador, traductor y ensayista del siglo XX. Su prosa es la de un estilista, a la altura de otros grandes como Rovira i Virgili, Nicolau d´Olwer o Ferran Soldevila. Tradujo libros de la Biblia y todo Séneca en catalán. Gran promotor, fundó revistas como La Paraula Cristiana,portavoz intelectual en plena dictadura, y El Bon Pastor.Inquieto socialmente, como pensador quiso dialogar con la cultura y el mundo moderno. En agosto de 1936, amenazado de muerte por la FAI, gracias al conseller Ventura Gassol fue evacuado por la Generalitat en un buque italiano en el que huían numerosos monjes de Montserrat.
Su exilio fue amargo. Párroco de un pueblecito italiano, fue expulsado por el fascismo y recaló en Suiza, donde se convertiría en el heredero de la voluntad reconciliadora del cardenal Vidal i Barraquer, a quien Franco no dejaba volver a Tarragona. Fue en Lausana donde Cardó conoció a don Juan de Borbón, pretendiente al trono de España y con el que trabó una amistad sincera. Una obra de Lluís M. Moncunill, A l´entorn de Carles Cardó. Diàleg d´exili amb Joan de Borbó, comte de Barcelona,recoge un perfil biográfico del personaje y analiza su exilio con la obra Histoire spirituelle des Espagnes,donde condena la sublevación militar y la barbarie de la zona republicana y precisa que hay dos tradiciones espirituales, una de las cuales es la catalana. Sus cartas con don Juan revelan su confianza en el personaje y sobre todo en veinte páginas inéditas Cardó recoge el diálogo durante un almuerzo con el pretendiente y monárquicos como Vegas Latapié, López Oliván y el vizconde de Rocamora. Con toda crudeza, Cardó expone el problema de Catalunya y apuesta por una solución más o menos federal. El diálogo es apasionante y no tiene desperdicio porque es una aportación desconocida al eterno problema español.
ALBERT MANENT, historiador
domingo, 7 de diciembre de 2008
LA CARTA MAGNA PIDE UNA ITV
Editorial de La Vanguardia, 7-12-08 bajo el título de "1978 pide una ITV "
Se cumplen 30 años de la Constitución de 1978, la convención democrática más estable que España ha tenido a lo largo de su atormentada historia. Han sido los mejores treinta años desde que en Flandes se puso el sol. Desde que se inició la agónica decadencia del imperio colonial, es la primera vez que democracia y bienestar económico van juntos durante un largo periodo de tiempo, formando un círculo virtuoso capaz de dotar al régimen parlamentario de una sólida raíz social. Con todas sus contradicciones y defectos - y con grandes e inciertos retos de futuro-,España tiene hoy una sociedad democrática suficientemente madura. Como señalaba ayer el presidente del Congreso de los Diputados, José Bono, la democracia española es muchas veces más apreciada y reconocida en el exterior que en el interior de un ruedo ibérico siempre obsesionado por sus peleas y confrontaciones. España es así. Quizá sea esta una señal de madurez. Todo sistema tiende a la rutina. Y en algunos momentos es necesaria la reforma.
La democracia está asentada en España, pero el régimen constitucional comienza a presentar signos de fatiga que invitan a acudir al taller de reparaciones. Es evidente que la cuestión territorial sigue chirriando. España puso en marcha en 1978 una dinámica de carácter federal sin que fuese capaz de dotarse de unos mecanismos constitucionales explícitamente federales, dados los serios condicionantes del momento: la propia inmadurez del cuadro político, el riesgo de involución militar y la tenaz estrategia desestabilizadora de ETA. España práctica un "federalismo inconsciente" (expresión acuñada, no sin acierto, por Francisco Caamaño, actual secretario de Estado de Asuntos Constitucionales y Parlamentarios) que debería desarrollarse mediante normas de solidaridad objetivas y eficaces mecanismos de representación de los intereses de las regiones y nacionalidades que la Constitución reconoce e impulsa. La transformación del Senado en cámara territorial es cada día más inevitable.
¿Requiere ello la modificación de la Constitución? Llegados a este punto, los treinta años de éxito democrático embocan un círculo vicioso: no hay acuerdo para la reforma por falta de consenso y no se alcanza el consenso porque los principales partidos contemplan la modificación constitucional con ópticas muy distintas. En el actual contexto, la citada reforma podría convertirse en un incierto campo de Agramante, poco o nada aconsejable dada la severidad de la crisis económica. Las tensiones sociales de los próximos meses podrían convertir la reforma de la Carta Magna en piedra de toque de una áspera y peligrosa confrontación. Conscientes de ello, José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy coincidieron ayer en que "no es el momento" de abordar cambio alguno.
De acuerdo, quizá no sea el momento adecuado, pero los problemas institucionales de fondo seguirán existiendo pese a la crisis. Es más, esta los puede acentuar e incrementar. En tales circunstancias, cobra especial relevancia el inminente veredicto sobre el nuevo Estatut de Catalunya, toda vez que la iniciativa catalana transporta una evidente relectura de la Constitución en clave autonomista. Ello está en manos del Tribunal Constitucional, cuya desmesurada politización partidista es un grave indicador de las reformas necesarias. La crisis invita a la cautela, pero es evidente que el círculo virtuoso de 1978 necesita pasar la ITV.
Nota de PB:
Estos artículos sobre la Constitución siempre tienen relación, directa o indirecta, con Catalunya. Se atisba, en todos ellos, una demanda "federal", que los políticos no se atreven a llevar a cabo. Por ello, dejan las cosas como están. No necesariamente implican que yo estoy de acuerdo con todo lo que publica en esta pizarra. Pero sí creo que aporta información valiosa al debate que tenemos todos los días con los buenos amigos. Buenos amigos, lo cual no quiere decir que nuestrs ideas sean coincidentes. Este es realmemte el valor de la democracia.
Se cumplen 30 años de la Constitución de 1978, la convención democrática más estable que España ha tenido a lo largo de su atormentada historia. Han sido los mejores treinta años desde que en Flandes se puso el sol. Desde que se inició la agónica decadencia del imperio colonial, es la primera vez que democracia y bienestar económico van juntos durante un largo periodo de tiempo, formando un círculo virtuoso capaz de dotar al régimen parlamentario de una sólida raíz social. Con todas sus contradicciones y defectos - y con grandes e inciertos retos de futuro-,España tiene hoy una sociedad democrática suficientemente madura. Como señalaba ayer el presidente del Congreso de los Diputados, José Bono, la democracia española es muchas veces más apreciada y reconocida en el exterior que en el interior de un ruedo ibérico siempre obsesionado por sus peleas y confrontaciones. España es así. Quizá sea esta una señal de madurez. Todo sistema tiende a la rutina. Y en algunos momentos es necesaria la reforma.
La democracia está asentada en España, pero el régimen constitucional comienza a presentar signos de fatiga que invitan a acudir al taller de reparaciones. Es evidente que la cuestión territorial sigue chirriando. España puso en marcha en 1978 una dinámica de carácter federal sin que fuese capaz de dotarse de unos mecanismos constitucionales explícitamente federales, dados los serios condicionantes del momento: la propia inmadurez del cuadro político, el riesgo de involución militar y la tenaz estrategia desestabilizadora de ETA. España práctica un "federalismo inconsciente" (expresión acuñada, no sin acierto, por Francisco Caamaño, actual secretario de Estado de Asuntos Constitucionales y Parlamentarios) que debería desarrollarse mediante normas de solidaridad objetivas y eficaces mecanismos de representación de los intereses de las regiones y nacionalidades que la Constitución reconoce e impulsa. La transformación del Senado en cámara territorial es cada día más inevitable.
¿Requiere ello la modificación de la Constitución? Llegados a este punto, los treinta años de éxito democrático embocan un círculo vicioso: no hay acuerdo para la reforma por falta de consenso y no se alcanza el consenso porque los principales partidos contemplan la modificación constitucional con ópticas muy distintas. En el actual contexto, la citada reforma podría convertirse en un incierto campo de Agramante, poco o nada aconsejable dada la severidad de la crisis económica. Las tensiones sociales de los próximos meses podrían convertir la reforma de la Carta Magna en piedra de toque de una áspera y peligrosa confrontación. Conscientes de ello, José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy coincidieron ayer en que "no es el momento" de abordar cambio alguno.
De acuerdo, quizá no sea el momento adecuado, pero los problemas institucionales de fondo seguirán existiendo pese a la crisis. Es más, esta los puede acentuar e incrementar. En tales circunstancias, cobra especial relevancia el inminente veredicto sobre el nuevo Estatut de Catalunya, toda vez que la iniciativa catalana transporta una evidente relectura de la Constitución en clave autonomista. Ello está en manos del Tribunal Constitucional, cuya desmesurada politización partidista es un grave indicador de las reformas necesarias. La crisis invita a la cautela, pero es evidente que el círculo virtuoso de 1978 necesita pasar la ITV.
Nota de PB:
Estos artículos sobre la Constitución siempre tienen relación, directa o indirecta, con Catalunya. Se atisba, en todos ellos, una demanda "federal", que los políticos no se atreven a llevar a cabo. Por ello, dejan las cosas como están. No necesariamente implican que yo estoy de acuerdo con todo lo que publica en esta pizarra. Pero sí creo que aporta información valiosa al debate que tenemos todos los días con los buenos amigos. Buenos amigos, lo cual no quiere decir que nuestrs ideas sean coincidentes. Este es realmemte el valor de la democracia.
LA CARTA MAGNA
CARLES CASTRO - Barcelona en "La Vanguardia"
Un cierto aroma de disco rayado sobrevuela el artículo 2 de la Constitución española. En su título se insiste en la unidad de la Nación española" y, por si no quedase claro, se recuerda que España es la "patria común e indivisible de todos los españoles".
¿A qué obedece esa retórica cacofónica y grandilocuente sobre la "unidad indivisible e indisoluble" de España? ¿Oculta acaso una falta de seguridad crónica que afectaría freudianamente a los sectores más amantes de la soflama patriótica y del inmovilismo constitucional?
La pregunta es inevitable porque otras constituciones del mundo occidental se muestran menos obsesivas con la retórica sobre la unidad nacional. Por ejemplo, países tan sólidos como EE. UU. o Alemania apenas mencionan el concepto. Los alemanes aluden incluso a la "libre autodeterminación" en los länder. En cuanto al resto, Francia incluye en la Carta Magna su condición de "República indivisible"; Italia se presenta como "única e indivisible", y Portugal proclama su "unidad e integridad".
Al mismo tiempo, la Constitución española es de las que plantean requisitos más trabajosos para su reforma y de las que menos cambios han sufrido (véase cuadro adjunto). Portugal, por ejemplo, aprobó su Carta Magna dos años antes que España y ya la ha modificado en cinco ocasiones. Yni Portugal ni EE. UU. establecen la necesidad de un referéndum para reformar su Constitución. A su vez, Francia también puede llevar a cabo la reforma constitucional sin necesidad de un referéndum (a partir de determinadas mayorías parlamentarias), lo mismo que Italia (donde, por cierto, una consulta celebrada en el 2006 echó para atrás la reforma federalista). Por su parte, Alemania sólo incluye el referéndum en los casos de reorganización del territorio federal.
Ahora bien, esa mayor agilidad en los mecanismos de reforma de algunas constituciones europeas se ve contrapesada por la existencia de partes intocables. Por ejemplo, en la Carta Magna portuguesa la reforma no puede afectar a la unidad territorial o a la forma republicana de Estado. Y lo mismo ocurre en el caso de Francia. Finalmente, Italia y Alemania no permiten revisar el carácter republicano de su Estado.
Paradójicamente, la Constitución española no fija más límites a la reforma que la prohibición de iniciarla en tiempo de guerra o en estado de alarma, de excepción o de sitio (cautelas muy explicables a la luz de la historia del país). Sin embargo, la Carta Magna no incluye ninguna cláusula que prohíba la revisión de alguna de sus partes. De ese modo, y respetando los procedimientos y las mayorías necesarias, la Constitución podría modificar radicalmente la organización territorial o el modelo de Estado. Otra cosa es que el logro de esas eventuales mayorías constituya un ejercicio de auténtica política ficción.
LA Vanguardia, 7-12-08
Un cierto aroma de disco rayado sobrevuela el artículo 2 de la Constitución española. En su título se insiste en la unidad de la Nación española" y, por si no quedase claro, se recuerda que España es la "patria común e indivisible de todos los españoles".
¿A qué obedece esa retórica cacofónica y grandilocuente sobre la "unidad indivisible e indisoluble" de España? ¿Oculta acaso una falta de seguridad crónica que afectaría freudianamente a los sectores más amantes de la soflama patriótica y del inmovilismo constitucional?
La pregunta es inevitable porque otras constituciones del mundo occidental se muestran menos obsesivas con la retórica sobre la unidad nacional. Por ejemplo, países tan sólidos como EE. UU. o Alemania apenas mencionan el concepto. Los alemanes aluden incluso a la "libre autodeterminación" en los länder. En cuanto al resto, Francia incluye en la Carta Magna su condición de "República indivisible"; Italia se presenta como "única e indivisible", y Portugal proclama su "unidad e integridad".
Al mismo tiempo, la Constitución española es de las que plantean requisitos más trabajosos para su reforma y de las que menos cambios han sufrido (véase cuadro adjunto). Portugal, por ejemplo, aprobó su Carta Magna dos años antes que España y ya la ha modificado en cinco ocasiones. Yni Portugal ni EE. UU. establecen la necesidad de un referéndum para reformar su Constitución. A su vez, Francia también puede llevar a cabo la reforma constitucional sin necesidad de un referéndum (a partir de determinadas mayorías parlamentarias), lo mismo que Italia (donde, por cierto, una consulta celebrada en el 2006 echó para atrás la reforma federalista). Por su parte, Alemania sólo incluye el referéndum en los casos de reorganización del territorio federal.
Ahora bien, esa mayor agilidad en los mecanismos de reforma de algunas constituciones europeas se ve contrapesada por la existencia de partes intocables. Por ejemplo, en la Carta Magna portuguesa la reforma no puede afectar a la unidad territorial o a la forma republicana de Estado. Y lo mismo ocurre en el caso de Francia. Finalmente, Italia y Alemania no permiten revisar el carácter republicano de su Estado.
Paradójicamente, la Constitución española no fija más límites a la reforma que la prohibición de iniciarla en tiempo de guerra o en estado de alarma, de excepción o de sitio (cautelas muy explicables a la luz de la historia del país). Sin embargo, la Carta Magna no incluye ninguna cláusula que prohíba la revisión de alguna de sus partes. De ese modo, y respetando los procedimientos y las mayorías necesarias, la Constitución podría modificar radicalmente la organización territorial o el modelo de Estado. Otra cosa es que el logro de esas eventuales mayorías constituya un ejercicio de auténtica política ficción.
LA Vanguardia, 7-12-08
YO SOY ESPAÑOL. ESPAÑO, ESPAÑOL...
La Constitución nació para superar el concepto franquista de la España nacionalmente uniforme, pero desde entonces se ha circulado marcha atrás
Jordi Barbeta | 07/12/2008 | Actualizada a las 11:27h | Política La Vanguardia
Cada aniversario más o menos redondo de la Constitución se repite el debate sobre la conveniencia de reformarla y resulta paradójico que los que más las critican y más ansia demuestran por cambiarla serían los que sin ninguna duda saldrían más perjudicados de una eventual reforma en profundidad de la ley fundamental española. Los que muestran una mayor insatisfacción suelen ser los nacionalistas periféricos de Galicia, de Euskadi o de Catalunya, mientras que son sus opuestos, es decir los dirigentes políticos más españolamente nacionalistas, los que agitan la Constitución española como si se tratara de un bate béisbol.
Y eso es así porque cualquier cambio constitucional que pudiera plantearse, más allá de las modificaciones sobre el orden sucesorio en la Corona, tendría como objetivo principal reforzar los poderes del Estado central frente a las autonomías y suprimir las diferencias entre nacionalidades y regiones que el texto de 1978 pudiera sugerir. Sería así por varios motivos. Primero, porque es lo que defienden los constitucionalistas del PSOE y del PP, empezando por el presidente de la Comisión Constitucional del Congreso, Alfonso Guerra González. Segundo, porque el único cambio constitucional que se puede llevar a cabo es el que puedan pactar PSOE y PP que son los dos únicos partidos que hoy por hoy disponen de capacidad de veto. Y en tercer lugar, pero no el menos importante, porque la opinión pública española avalaría ese cambio y no otro contrario. Seguramente es ahí donde más duele, porque la Constitución nació con la idea de superar el concepto de la España nacionalmente uniforme que quiso imponer el franquismo, pero desde entonces sólo se ha circulado marcha atrás. Para mal o para bien, según el caso, España es hoy más nación que hace treinta años. El orgullo español ha superado algunas vergüenzas históricas hasta el punto que los campeones de la Copa de Davis proclaman su españolidad - "yo soy español, español, español..."-con una alegría que hace treinta años habría estremecido... Cualquier cambio que se planteara en el estatus jurídico-político sería necesariamente en la dirección dominante.
Visto desde Catalunya, el problema no es la Constitución y mucho menos su espíritu, sino el uso que se hace de ella. Todos los gobiernos desde 1978 sin excepción han utilizado sus instrumentos para evitar el flujo de poder del Estado a las autonomías previsto por la CE. Yel Tribunal Constitucional ha fallado sistemáticamente según la voluntad política mayoritaria que había en cada momento. En contadísimas ocasiones el Tribunal ha sentenciado contra el Gobierno de turno. ¡Ojo! Tampoco contra la mayoría parlamentaria dominante. Obsérvese que recursos de gobiernos del PSOE y del PP contra leyes lingüísticas de Catalunya ha habido varios, pero ninguno ha prosperado mientras los nacionalistas les sacaban las castañas del fuego.
Lo mejor de la Constitución de 1978 es su ambigüedad. Uno de sus redactores, Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón, ha llegado a dictaminar que el texto de 1978 no sería obstáculo ni siquiera para el ejercicio de la autodeterminación. Todo es cuestión de voluntad política. El día en que la voluntad de los catalanes sea inequívoca no habrá quien la pare, pero, mientras tanto, continuará imponiéndose la inequívoca voluntad política de los españoles.
Jordi Barbeta | 07/12/2008 | Actualizada a las 11:27h | Política La Vanguardia
Cada aniversario más o menos redondo de la Constitución se repite el debate sobre la conveniencia de reformarla y resulta paradójico que los que más las critican y más ansia demuestran por cambiarla serían los que sin ninguna duda saldrían más perjudicados de una eventual reforma en profundidad de la ley fundamental española. Los que muestran una mayor insatisfacción suelen ser los nacionalistas periféricos de Galicia, de Euskadi o de Catalunya, mientras que son sus opuestos, es decir los dirigentes políticos más españolamente nacionalistas, los que agitan la Constitución española como si se tratara de un bate béisbol.
Y eso es así porque cualquier cambio constitucional que pudiera plantearse, más allá de las modificaciones sobre el orden sucesorio en la Corona, tendría como objetivo principal reforzar los poderes del Estado central frente a las autonomías y suprimir las diferencias entre nacionalidades y regiones que el texto de 1978 pudiera sugerir. Sería así por varios motivos. Primero, porque es lo que defienden los constitucionalistas del PSOE y del PP, empezando por el presidente de la Comisión Constitucional del Congreso, Alfonso Guerra González. Segundo, porque el único cambio constitucional que se puede llevar a cabo es el que puedan pactar PSOE y PP que son los dos únicos partidos que hoy por hoy disponen de capacidad de veto. Y en tercer lugar, pero no el menos importante, porque la opinión pública española avalaría ese cambio y no otro contrario. Seguramente es ahí donde más duele, porque la Constitución nació con la idea de superar el concepto de la España nacionalmente uniforme que quiso imponer el franquismo, pero desde entonces sólo se ha circulado marcha atrás. Para mal o para bien, según el caso, España es hoy más nación que hace treinta años. El orgullo español ha superado algunas vergüenzas históricas hasta el punto que los campeones de la Copa de Davis proclaman su españolidad - "yo soy español, español, español..."-con una alegría que hace treinta años habría estremecido... Cualquier cambio que se planteara en el estatus jurídico-político sería necesariamente en la dirección dominante.
Visto desde Catalunya, el problema no es la Constitución y mucho menos su espíritu, sino el uso que se hace de ella. Todos los gobiernos desde 1978 sin excepción han utilizado sus instrumentos para evitar el flujo de poder del Estado a las autonomías previsto por la CE. Yel Tribunal Constitucional ha fallado sistemáticamente según la voluntad política mayoritaria que había en cada momento. En contadísimas ocasiones el Tribunal ha sentenciado contra el Gobierno de turno. ¡Ojo! Tampoco contra la mayoría parlamentaria dominante. Obsérvese que recursos de gobiernos del PSOE y del PP contra leyes lingüísticas de Catalunya ha habido varios, pero ninguno ha prosperado mientras los nacionalistas les sacaban las castañas del fuego.
Lo mejor de la Constitución de 1978 es su ambigüedad. Uno de sus redactores, Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón, ha llegado a dictaminar que el texto de 1978 no sería obstáculo ni siquiera para el ejercicio de la autodeterminación. Todo es cuestión de voluntad política. El día en que la voluntad de los catalanes sea inequívoca no habrá quien la pare, pero, mientras tanto, continuará imponiéndose la inequívoca voluntad política de los españoles.
sábado, 22 de noviembre de 2008
EL LABORATORIO GENÓMICO
CATALUNYA acogerá, finalmente, la sede del Laboratorio de Secuenciación Genómica, una decisión acordada entre el Gobierno y la Generalitat, que consolida la apuesta por la investigación y la innovación y que confirma el liderazgo catalán en el campo de los estudios y análisis genómicos aplicados especialmente a la medicina y a la industria farmacéutica.
Una decisión a la que se llega después de complejas negociaciones entre las dos administraciones involucradas y cuyo éxito final se debe al tesón puesto desde el Govern, pero también al hecho de que la titular del ministerio de Ciencia e Innovación, Cristina Garmendia, es una experta en biomedicina.
Catalunya tiene una larga experiencia en la investigación genómica que, además de albergar el núcleo de la industria farmacéutica, dispone de los parques científicos de Pedralbes, el de Recerca Biomèdica, junto al hospital del Mar, yel del consorcio Biopol que, precisamente anteayer, inauguró la ministra de Investigación, Cristina Garmendia, en l´Hospitalet de Llobregat. Un instituto que pretende ser una plataforma de proyección internacional y que dedicará su labor al cáncer, las neurociencias y las enfermedades crónicas y degenerativas. A esta presencia científica se suma, entre otras, la labor investigadora de la UAB, el hospital Clínic, Vall d´Hebron o Can Rutiyel hecho de que la participación española en el Consorcio Internacional del Genoma del Cáncer será coordinada por investigadores del citado hospital Clínic.
Por tanto, era lógico que Catalunya fuera la elegida para albergar el mayor laboratorio de análisis genómico de España, una institución destinada a dar servicio a todos los investigadores españoles, que se centrará en el estudio de la secuencia genómica de la leucemia y que será sufragada a medias entre el Estado y el Govern. Además, fue en Catalunya donde se gestó desde el 2003 el proyecto de este laboratorio, partiendo de las necesidades expresadas por investigadores biomédicos y bioinformáticos. Y con la disposición de la Generalitat a apoyarlo y albergarlo.
Es evidente que el futuro de las sociedades se basa en su capacidad de investigación e innovación. España y Catalunya, por motivos históricos, van con retraso respecto a los países del entorno y deben hacer un esfuerzo, no sólo por aumentar las inversiones, sino también en el aprovechamiento de las sinergias. Este es un caso paradigmático, por todo lo citado, del funcionamiento de una economía de escala que ha de redundar en beneficio de todos.
22 11 08 la vang Editorial
Una decisión a la que se llega después de complejas negociaciones entre las dos administraciones involucradas y cuyo éxito final se debe al tesón puesto desde el Govern, pero también al hecho de que la titular del ministerio de Ciencia e Innovación, Cristina Garmendia, es una experta en biomedicina.
Catalunya tiene una larga experiencia en la investigación genómica que, además de albergar el núcleo de la industria farmacéutica, dispone de los parques científicos de Pedralbes, el de Recerca Biomèdica, junto al hospital del Mar, yel del consorcio Biopol que, precisamente anteayer, inauguró la ministra de Investigación, Cristina Garmendia, en l´Hospitalet de Llobregat. Un instituto que pretende ser una plataforma de proyección internacional y que dedicará su labor al cáncer, las neurociencias y las enfermedades crónicas y degenerativas. A esta presencia científica se suma, entre otras, la labor investigadora de la UAB, el hospital Clínic, Vall d´Hebron o Can Rutiyel hecho de que la participación española en el Consorcio Internacional del Genoma del Cáncer será coordinada por investigadores del citado hospital Clínic.
Por tanto, era lógico que Catalunya fuera la elegida para albergar el mayor laboratorio de análisis genómico de España, una institución destinada a dar servicio a todos los investigadores españoles, que se centrará en el estudio de la secuencia genómica de la leucemia y que será sufragada a medias entre el Estado y el Govern. Además, fue en Catalunya donde se gestó desde el 2003 el proyecto de este laboratorio, partiendo de las necesidades expresadas por investigadores biomédicos y bioinformáticos. Y con la disposición de la Generalitat a apoyarlo y albergarlo.
Es evidente que el futuro de las sociedades se basa en su capacidad de investigación e innovación. España y Catalunya, por motivos históricos, van con retraso respecto a los países del entorno y deben hacer un esfuerzo, no sólo por aumentar las inversiones, sino también en el aprovechamiento de las sinergias. Este es un caso paradigmático, por todo lo citado, del funcionamiento de una economía de escala que ha de redundar en beneficio de todos.
22 11 08 la vang Editorial
domingo, 12 de octubre de 2008
EL CATALÁN DE LA GUARDIA CIVIL
LA MIRILLA (La Vanguardia 12 Oct. 2008)
Las deliberaciones del Tribunal Constitucional sobre el Estatut están ya muy avanzadas, como publicó este diario el pasado jueves. De los debates se desprende que los magistrados rechazan la obligatoriedad de conocer el catalán. Sin embargo, rebuscar en la historia siempre proporciona paradojas, algunas muy curiosas, como esta que sigue: al crearse la Guardia Civil, en 1844, se organizó inicialmente en tercios, compuestos estos por compañías y escuadrones. El segundo tercio correspondía a Catalunya, con sede en Barcelona. El general director elevó entonces una propuesta al ministerio en la que pedía que el segundo tercio "por la índole particular de las provincias catalanas que lo componen, nadie que no posea la lengua del país debe tener entrada en él". La propuesta fue aprobada y dio lugar a la real orden de 24 de agosto de 1844, cuyo original está en el Archivo de Segovia. Lo que entonces resultaba lógico para la Guardia Civil no lo es ahora para los jueces del Constitucional.
Las deliberaciones del Tribunal Constitucional sobre el Estatut están ya muy avanzadas, como publicó este diario el pasado jueves. De los debates se desprende que los magistrados rechazan la obligatoriedad de conocer el catalán. Sin embargo, rebuscar en la historia siempre proporciona paradojas, algunas muy curiosas, como esta que sigue: al crearse la Guardia Civil, en 1844, se organizó inicialmente en tercios, compuestos estos por compañías y escuadrones. El segundo tercio correspondía a Catalunya, con sede en Barcelona. El general director elevó entonces una propuesta al ministerio en la que pedía que el segundo tercio "por la índole particular de las provincias catalanas que lo componen, nadie que no posea la lengua del país debe tener entrada en él". La propuesta fue aprobada y dio lugar a la real orden de 24 de agosto de 1844, cuyo original está en el Archivo de Segovia. Lo que entonces resultaba lógico para la Guardia Civil no lo es ahora para los jueces del Constitucional.
sábado, 11 de octubre de 2008
SERRAT Y MONTILLA EN MÉXICO
Serrat pide a Montilla y Zapatero 'paraules d'amor' en financiación
1. • El artista invita en México a ambos dirigentes a entonar su canción y pactar
2. • El 'president' responde que hará falta algo más que música romántica
EL PERIÓDICO (10/10/2008).
MONTERREY / ENVIADO ESPECIAL
El eco del árido y espinoso debate sobre la financiación de Catalunya llegó la noche del miércoles nada más y nada menos que hasta la ciudad mexicana de Guanajuato, cuna de las primeras revueltas que condujeron a la independencia de México.
En la explanada de la Alhóndiga de Granaditas, donde los insurgentes infligieron en 1810 la primera derrota a los españoles, el cantante Joan Manuel Serrat invitó públicamente a los presidentes José Montilla --que seguía el concierto en primera fila-- y José Luis Rodríguez Zapatero a cantar a dúo su célebre Paraules d'amor antes de sentarse a negociar sobre la financiación autonómica. Terminado el recital, ya en el camerino, Montilla respondió a Serrat que él no tiene problema alguno en empezar a ensayar la tonada romántica, pero cree que hará falta más que eso para sellar un acuerdo satisfactorio.
El cantante barcelonés inauguró con su espectáculo 100x100 Serrat el Festival Internacional Cervantino de Guanajuato, uno de los certámenes escénicos más importantes de América Latina. Antes de empezar su recital, Serrat explicó al auditorio que los catalanes hablan en catalán porque es su lengua propia, no porque sean unos tipos raros o caprichosos. La mayoría de las miles de personas que abarrotaban la Alhóndiga para rendir pleitesía a Serrat --muchas de ellas hicieron casi 12 horas de cola a la puerta del recinto para asegurarse un asiento, ya que la entrada era gratuita-- no debieron de entender la irónica dedicatoria del segundo de los tres bises que concedió el artista. Pero la celebraron igual.
DEDICATORIA A MONTILLA
Hacía muchos minutos ya que el público reclamaba en vano Paraules d'amor, entre otros clásicos del nano. Pero el artista parecía hacer caso omiso a las voces que reclamaban este o aquel título. Hasta que en el segundo bis, y mientras el pianista Ricard Miralles pespunteaba las notas de Paraules d'amor, Serrat dijo: "Quiero dedicar esta canción al presidente de la Generalitat de Catalunya..." Hizo aquí una brevísima pausa cargada de intención, y entonces remató: "...para que la cante a dúo con el presidente del Gobierno español cuando discutan sobre los presupuestos".
Montilla, sentado junto al gobernador del estado de Guanajuato, Juan Manuel Oliva, y al vicepresidente catalán, Josep Lluís Carod-Rovira, encajó la ironía con una sonrisa impasible. Una vez terminado el concierto, en el camerino del artista, el president replicó, también con ironía, a la sugerencia recibida: "No tengo inconveniente en ponerme a ensayar, pero me temo que para resolver el asunto de la financiación hará falta algo más que eso".
MELANCOLÍA INDEPENDENTISTA
No fue esta la única chispa catalana en la velada guanajuatense. Tras el concierto, en un cóctel ofrecido en el museo de la Alhóndiga, dedicado a las gestas de la insurgencia mexicana contra España, el director del Institut Ramon Llull, el independentista Josep Bargalló, contemplando los murales, suspiró: "Aquí va a disfrutar el vicepresidente Carod".
1. • El artista invita en México a ambos dirigentes a entonar su canción y pactar
2. • El 'president' responde que hará falta algo más que música romántica
EL PERIÓDICO (10/10/2008).
MONTERREY / ENVIADO ESPECIAL
El eco del árido y espinoso debate sobre la financiación de Catalunya llegó la noche del miércoles nada más y nada menos que hasta la ciudad mexicana de Guanajuato, cuna de las primeras revueltas que condujeron a la independencia de México.
En la explanada de la Alhóndiga de Granaditas, donde los insurgentes infligieron en 1810 la primera derrota a los españoles, el cantante Joan Manuel Serrat invitó públicamente a los presidentes José Montilla --que seguía el concierto en primera fila-- y José Luis Rodríguez Zapatero a cantar a dúo su célebre Paraules d'amor antes de sentarse a negociar sobre la financiación autonómica. Terminado el recital, ya en el camerino, Montilla respondió a Serrat que él no tiene problema alguno en empezar a ensayar la tonada romántica, pero cree que hará falta más que eso para sellar un acuerdo satisfactorio.
El cantante barcelonés inauguró con su espectáculo 100x100 Serrat el Festival Internacional Cervantino de Guanajuato, uno de los certámenes escénicos más importantes de América Latina. Antes de empezar su recital, Serrat explicó al auditorio que los catalanes hablan en catalán porque es su lengua propia, no porque sean unos tipos raros o caprichosos. La mayoría de las miles de personas que abarrotaban la Alhóndiga para rendir pleitesía a Serrat --muchas de ellas hicieron casi 12 horas de cola a la puerta del recinto para asegurarse un asiento, ya que la entrada era gratuita-- no debieron de entender la irónica dedicatoria del segundo de los tres bises que concedió el artista. Pero la celebraron igual.
DEDICATORIA A MONTILLA
Hacía muchos minutos ya que el público reclamaba en vano Paraules d'amor, entre otros clásicos del nano. Pero el artista parecía hacer caso omiso a las voces que reclamaban este o aquel título. Hasta que en el segundo bis, y mientras el pianista Ricard Miralles pespunteaba las notas de Paraules d'amor, Serrat dijo: "Quiero dedicar esta canción al presidente de la Generalitat de Catalunya..." Hizo aquí una brevísima pausa cargada de intención, y entonces remató: "...para que la cante a dúo con el presidente del Gobierno español cuando discutan sobre los presupuestos".
Montilla, sentado junto al gobernador del estado de Guanajuato, Juan Manuel Oliva, y al vicepresidente catalán, Josep Lluís Carod-Rovira, encajó la ironía con una sonrisa impasible. Una vez terminado el concierto, en el camerino del artista, el president replicó, también con ironía, a la sugerencia recibida: "No tengo inconveniente en ponerme a ensayar, pero me temo que para resolver el asunto de la financiación hará falta algo más que eso".
MELANCOLÍA INDEPENDENTISTA
No fue esta la única chispa catalana en la velada guanajuatense. Tras el concierto, en un cóctel ofrecido en el museo de la Alhóndiga, dedicado a las gestas de la insurgencia mexicana contra España, el director del Institut Ramon Llull, el independentista Josep Bargalló, contemplando los murales, suspiró: "Aquí va a disfrutar el vicepresidente Carod".
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